lunes, 30 de julio de 2007

Rescatado del anaquel: "El robo del siglo", de Rafael García Serrano



Terminando ya esta semana veraniega de cuasi despedida dedicada a loar a una de las mejores plumas de nuestra literatura, la de Rafael García Serrano, caímos en que no podíamos dejar de mostrar su calidad como articulista.

Con ese fin, vamos a traer aquí un par de perlas, magnífico broche casi final para un ciclo dedicado a este magnífico escritor, y me redundo intencionalmente.

La primera es El robo del siglo, aparecido en los dietarios personales del autor en el periódico El Alcázar el jueves 27 de enero de 1983. Un artículo que se lee como si hubiese sido escrito ayer mismo. Leanlo y gocenlo.

El robo del siglo

EL ALCÁZAR
JUEVES, 27 DE ENERO (83)


Usted haga la prueba. No vacile. Está al alcance de su mano y no necesita desconfiar de los encuestadores del municipio marxista, ni de las organizaciones Gallup, ni de los abundantes expertos en estadística. Usted va por la calle, si le apetece, baja al metro —que vaya usted a saber si le apetece— o se planta en la barra de un bar, que yo creo que sí que le apetece, y a cada persona que se le ponga a tiro le hace esta sencilla pregunta:
—¿Cuál es el robo del siglo?
Comprobará inmediatamente que las opiniones están muy divididas y también que mucha gente se encoge de hombros, bien porque sinceramente ignora cuál puede ser la respuesta adecuada o bien porque su pesimismo fundamental le inclina a creer que el robo del siglo todavía no ha sido perpetrado y que aún quedan unos años por delante para mejorar cualquier marca racionalmente homologable. Usted apresúrese a advertir:
—Se entiende, caballero: me refiero a cuál es el robo del siglo en lo que va de siglo...
—Ah, siendo así... Mire, a mí me parece que aquel de un tren que asaltaron en Inglaterra...
Usted no dé explicaciones. Limítese a dar las gracias y a ir anotando las respuestas.
—El de Correos... y además que no les echan el guante. Le digo yo que ahí hay tomate.
—Hombre, parece que el de las cajas fuertes de ese Banco de Marbella no está nada mal...
Algún viejo facha lleno de mala uva, intolerancia, rencor y todas esas cosas que son típicas de los fachas, le soltará como quien suelta un perro rabioso:
—El robo del «Vita», el que hizo el PSOE en pleno, desde sus jefes hasta el conserje pasando por el último miliciano de las Brigadas del Amanecer...
Salga usted corriendo. Ese señor trata de envolverle, de buscarle un lío, es capaz, incluso, de hacer mofa de los Ciento y Pico Años de Honradez. Los fachas son así, irreconciliables, tremendos...
Algunos le contestarán:
—El de la iglesia de mi pueblo...
Porque, saben, ahora hay mucho patriotismo de campanario y lo que no ocurre en el pueblo de uno es como sí no hubiese ocurrido; como solía decir un escritor:«Yo, hasta que no lea mi esquela en Abc no me habré muerto...»
Y se equivocó, porque no pudo leer su esquela en el Abc y eso que la publicaron, porque estaba muerto.
De modo que muchos les hablarán del tesoro de la catedral de su ciudad. de los cuadros de tal convento, de las joyas de la ermita de tal sitio...
La parte siguiente de la prueba es ir diciéndoles a todos:
—El mayor robo del siglo, señores, lo tienen ustedes delante de las narices y no lo ven. A usted le han robado lo mismo que a mí y a esa señora y a ese niño y a todos. Nos han robado España. Nos han quitado a España. Nos hemos quedado sin España como uno puede quedarse sin reloj en el metro, o sin la cartera en la calle, o sin el sobre de la paga al ir a celebrar el milagro de haberla cobrado en la tasca más próxima, esto es, sin enterarnos. Ha desaparecido España físicamente, su mapa ya no es el mismo, sus fronteras son distintas, sus gobiernos múltiples, incluso Madrid ya es sólo Madrid, no la capital de una nación; no, Madrid es una autonomía, ni siquiera un distrito federal, porque aquí nadie sueña en federarse porque eso sería casi fascismo, en suma, España ha sido robada, y ya no la tenemos, ya no está y nadie se ha enterado, ni el Gobierno, porque no le conviene, ya que es el protagonista de la faena, ni los diez millones de votos que le apoyan, ni los abogados del Estado, ni los ingenieros de minas, ni los churreros, ni las modistillas, ni los guardias de la circulación, ni los estudiantes, ni los militares, ni los ferroviarios, ni los obispos, ni los periodistas, ni nadie, nadie, nadie... Sólo nos hemos dado cuenta del robo unos cuantos españoles divididos en dos bandos. A los del primer bando les ha ocurrido lo que a aquella zozana cashera que denunció en comisaría el robo de todo el dinero que llevaba: «¿Dónde?», le preguntaron; «en el colco» (o sea en el seno, en el espacio hueco que queda entre el vestido y e! pecho) y cuando el policía se admiró: «¡Mujer!, ¿y cómo no lo ha notado?», la cashera respondió ruborosa: «Notar, ya noté, pero con buen intensión creí que hasía».
Frente a quienes creyeron que el enredar en el colco de España iba con buena intención, estamos los que desde el primer momento nos dimos cuenta de que aquello era un robo, pero claro, a los que así pensamos se nos llama oficialmente, con harta benevolencia, locos, porque realmente somos algo peor, perfectamente calificado por dos expertos antropólogos: bárbaros, salvajes, ciegos...
De todos modos a mi verdad me atengo: nos han robado España y en su lugar nos han dejado un cacho de papel.
La tercera parte de la prueba consiste en que por fin alguien se entere.

RAFAEL GARCÍA SERRANO.

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