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sábado, 14 de mayo de 2011

La muerte no es el final: Hector y Juan

Tomamos de Editorial Barbarroja esta entrada, que hacemos nuestra de la Cruz a la fecha.


RECORDANDO A HÉCTOR VIDOSA Y JUAN COLOMAR

Regresando del 'puente' el pasado martes 3 de mayo, recibimos desde Barcelona la noticia del fallecimiento de HÉCTOR VIDOSA. Llevaba algún tiempo hospitalizado como consecuencia de su lucha contra el cáncer; no por esperada la noticia de su muerte nos ha resultado menos dolorosa.

HÉCTOR, licenciado en Historia y profesor, era colaborador habitual de la editorial y a su saber y buen hacer debemos la publicación de EL ESPÍRITU DE LA DIVISIÓN AZUL: POSSAD de Juan Viladot, así como numerosas investigaciones sobre temas relacionados con el falangismo catalán de todos los tiempos.

Un par de días después, el jueves 5, nos informaban desde Valladolid de que JUAN COLOMAR había sufrido un infarto agudo, muriendo antes de su intervención quirúrgica de manera inesperada.

JUAN, abogado y Técnico de la Administración del Estado, colaboró ocasionalmente en las dos etapas de la revista DISIDENCIAS, la inicial dirigida por Ricardo Rábade y la actual por Juan Antonio Aguilar. También era autor del libro REPÚBLICA NACIONAL ESPAÑOLA, una cuidada selección de escritos que él mismo definió como “municiones para la resistencia”.

Joseantoniano el primero y nietzscheano el segundo, los dos eran rigurosos analistas, patriotas sin tacha ni complejos y nada partidarios de confraternizar con el enemigo sobre todo cuando aparenta ser amigo. Echaremos de menos tenerlos cerca incluso en la discrepancia. Los tendremos presentes.


Entrada original aquí.

lunes, 3 de mayo de 2010

A truco viejo, ganancia nueva.

A veces deberíamos aprender que en la sencillez puede residir el éxito.




Saludos cordiales a todos los bibliófilos.



sábado, 2 de enero de 2010

LA MISIÓN SECRETA. DE CUANDO GUILLERMO ROCAFORT ABRAZÓ A ROGER DE FLOR

(tomado de nuestra pagina amiga BitácoraPi)

Leer a Guillermo Rocafort es algo higiénico y necesario. Cuando lo que nos rodea nos embrutece y envilece, cuando no podemos ver películas o leer libros hechos en nuestra piel de toro sin sentir un tanto de vergüenza al ver un reflejo distorsionado, estúpido y mentiroso de lo que somos, lleno de cochambre y humillación, se hace imprescindible ir a una librería y adquirir el último libro de Guillermo Rocafort, lleno de gallardía y de gestas inolvidables pero ¡ah! olvidadas.

Las páginas de las obras de Rocafort rezuman épica, valor, amor a nuestra historia sin contar con leyendas negras... ganas de seguir peleando, pese a quien pese. Y si eso es aplicable a cualquiera de sus novelas, con esta última, La misión secreta, la saga de Roger de Flor junto a los almogávares y los secretos templarios, este juicio que tiene validez general cobra especial fuerza.

En un prólogo brillante, Luis Togores (casi nadie al aparato, Vicerrector de la Universidad San Pablo - CEU) nos regala la idea de que héroes como los que aparecen en las novelas de Guillermo Rocafort nos devuelven la infancia perdida. Sin atreverme a enmendarle la plana, yo sumaría algo: no solo nos devuelven la infancia, nos devuelven la esperanza. La esperanza de que todo es posible aun cuando solo hay nubes negras a la vista. De que cuando todo está perdido, siempre surge una compañía de almogávares dispuesta a resolver de forma expedita los problemas.

En un mundo de novelas para modistillas y de best sellers putrefactos, en una sociedad donde el tango del maestro Discépolo cobra vida día a día, cuando vemos que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador..., que los ignorantes nos han igualao, se hace necesario que alguien se atreva, rompa, rasgue la bruma del caos y grite a los cuatro vientos el ¡AUR, AUR! almogávar para reclamar que los suyos vayan al combate, a la muerte si es preciso, por un sagrado ideal. Que nade contra corriente. Que en su posición solitaria nos recuerde que los cuervos vuelan en bandada, pero las águilas vuelan solas.

Situado en una época convulsa, con reyes y mandatarios traidores, los personajes principales del libro van en busca de nuestra complicidad. La lucha contra el poder que estos abanderados de causas perdidas establecen provoca la curiosa simultaneidad en nuestro interior de la rabia contenida y la paz que proporciona el deber cumplido. Nos hacen sentir como almogávares en pleno combate, con la espada humeando al dar al contraste del frío ambiente la sangre del enemigo. Nos cura la arcada infinita que nos provocó tanta protagonista frustrada que puebla y domina nuestras letras.

No voy a desvelar nada más de este magnífico libro. Deben ustedes comprarlo, sin duda, para sí mismos y para regalarlo estas próximas fiestas. Descubrirán como se puede ver con simpatía a un personaje maldito y linchado por la Historia que deviene en héroe de rasgos sublimes y al tiempo demasiado humanos en las páginas que magistralmente nacen de la pluma de Guillermo Rocafort, más que un joven valor, una promesa cumplida.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Entrevista a José Antonio Martín Otín, sobre su libro "La desesperación del té"


Nos permitimos robar, con cariño, de El Manifiesto, cuya visita recomendamos, esta entrevista a José Antonio Martín Otín, sobre su libro La desesperación del Té.


HABLA, ENTRE OTRAS COSAS, DE LA AMISTAD ENTRE LORCA Y JOSÉ ANTONIO

Un extraordinario libro sobre Pepín Bello


José Antonio Martín Otín es personaje atípico, que parece robado de la época en que la generación de plata de nuestras letras tomaba café y trataban de tú al futuro, antes de que éste se les cayera encima. Quizá por esto, regateando entre las letras como buen futbolista y mejor periodista, nos ha regalado este libro: un trabajo largo de años, al que cualquiera con menos perseverancia hubiera dado de lado. Y hubiera sido una pena, porque con él nos muestra facetas desconocidas de ese poliedro precioso que fue la generación del 2. "La desesperación del té (27 veces Pepín Bello)", se titula el libro editado por Pre-Textos al que intentaremos mano a mano con el autor hincar el diente.


Una entrevista de JUAN VICENTE OLTRA

La idea de Pepín Bello como catalizador queda en parte rota por el estreno de su obra en mayo de este año. Es algo en principio me pareció propósito de tu libro, pero el nexo de Dalí con Lorca y Buñuel que presentas, muy distinto al cinematográfico que obvia a Pepín, parece al contrario reivindicarlo. ¿Cuál es tu última palabra? ¿Piensas que Pepín fue el transformador necesario de esa amistad eléctrica?

Sin Pepín, la convivencia de esos tres era imposible: hubieran pasado la vida insultándose; de hecho es lo que sucedió luego, cuando Pepín se distanció. Excepto Federico, al que le importaba mucho que le quisieran y por eso prefería llevarse bien, tendían a agredirse; la reunión de esos genios era imposible, salvo para otro genio de la concordia como Pepín. Eso no le costaba ningún esfuerzo, en él iba de natural; lo que sí le fatigaba era terminar lo empezado, de ahí que no desarrollara sus ideas y muchísimas veces las prestara para que otros le dieran forma. Aún así terminó alguna obra corta y no era justo que pasara por autor vacío, por eso promoví la representación de su Hamlet con Lola Baldrich. Ahora empezará a girar por España la representación.

Tu libro, como ya apuntaste en algún trabajo publicado antes, rompe los esquemas al presentar a un testigo de lo que para los hunos y los hotros era una amistad imposible: la de Lorca y José Antonio Primo de Rivera. ¿Crees que hoy estamos preparados para aceptar la verdad?

Seguro que preparados, sí. Estamos preparados para cualquier cosa que les apetezca a los medios de comunicación poderosos. Tragamos con todo, incluso con la verdad. Otra cosa es que quieran contarla –les molesta. En ocasiones me parece que les molesta hasta su propia ignorancia: carecen de la grandeza que tuvo Rosa Chacel cuando descubrió en su exilio los textos de José Antonio: “Cómo nos han podido ocultar esto tan magnífico”, escribió. La izquierda y la derecha se ponen de acuerdo para mentir sobre el personaje, pues mentir es aceptar la mentira que el franquismo y sus contrarios urdieron sobre José Antonio, y no sacudirla de la historia. De esa vileza se salvan sólo los que tienen cierta talla moral; una buena parte de los coetáneos de José Antonio, adversarios de la izquierda muchas veces, dejaron testimonio de su reconocimiento a la indudable grandeza que había en ese joven, tan diferente al común. Federico García Lorca tenía esa talla moral elevada a la primera magnitud; como decía Pepín (eso está filmado) no sólo es que fueran amigos, es que en aquella España el único capaz de comprender a Federico en toda su extensión era José Antonio.

Disculpa que insista con Lorca. Apuntas que Ponce de León, el autor del cisne del sindicato de estudiantes falangistas, el SEU, era el autor de los decorados que Federico llevaba, lo que se une a la conocida defensa fallida de los falangistas Rosales, y genera un cóctel difícil de tragar para muchos santones de la literatura oficial. ¿No temes que tu libro sea expurgado de los anaqueles?

Resulta que he caído en una editorial, Pre-Textos, que no sólo es la que mejor y con más delicadeza edita, algo tan sabido que repetidamente me han llegado a felicitar por haber sido seleccionado por Manuel Borrás y su gente. Eso es la bomba, te felicitan sin haber leído el libro por la exquisitez de quien te edita. Pues no sólo es la mejor en lo obvio, también lo es en entereza intelectual. Conocido personaje de la literatura oficial, recientemente aniquilado de su cargo para tranquilidad de la cultura hispana, llamó a Manuel en cuanto supo que nacía el libro y además fuera del círculo de hierro en el que pretendía encerrar a Pepín para su vanidoso beneficio. La insidia era: “¿Sabes que vas a editar a un tipo que escribió un libro sobre Primo de Rivera, a un falangista?” “No sé lo que será ni lo que escribió”, replicó Manolo, “pero este de Pepín es cojonudo y lo voy a editar inmediatamente”. He de decir que a la altura de mi editorial estuvo la familia de Pepín, que me distinguió con un cariño impagable. Por otro lado, no voy a andar molestándome en explicar que no soy falangista, pero que recomiendo a todo el mundo que se acerque limpiamente a José Antonio: mejor le iría a España si rescatáramos su luminosa intuición de la síntesis, fuerza de un siglo para otro, espero.

Es particularmente estremecedora la historia del fin de Manuel Bello, de su asesinato en Paracuellos. ¿Qué piensas que opinaría Pepín Bello de esta especie de moda necrofágica que recorre la piel de toro?

No lo pienso, lo sé. Pepín me lo comentó en varias ocasiones, alguna de las últimas en compañía de amigos que esa tarde nos acompañaban. Estaba horrorizado y hacía suya la postura de la familia de su entrañable Federico. Pepín murió sin saber en qué lugar están los restos de su hermano Manuel; era alguien que podía opinar con propiedad y se mostraba muy duro con esta oleada de muerte retroactiva.

Daría para horas este “tuya-mía” con el esférico de la mejor poesía de España. El libro llega a erizar el cabello, incluso a los que casi precisamos más de un trapito húmedo que de un peine. Sabes lo que va a pasar, sabes que el protagonista se te muere y que no hay escapatoria. Pero el sentimiento sorprende. Una y 27 veces.

martes, 14 de octubre de 2008

Firma invitada: José Manuel Cansino - Tímida transgresión sureña: Presentación del relato "Quisimos transformar España"


Encontramos esta estupenda recensión que, con todo cariño y buena voluntad, nos permitimos robar para traer aquí.

Disfruten de este pequeño acto de latrocínio.


TÍMIDA TRANSGRESIÓN SUREÑA

José M. Cansino

Antonio Brea acaba de publicar su relato “Quisimos transformar España” bajo el activo sello de Ediciones Nueva República. La editorial catalana ha publicado la obra de Brea junto con las ganadoras exequo del premio de relato corto 2007; una iniciativa de cuya continuidad me consta están pendientes varias plumas.

El relato se ambienta en los grupos juveniles falangistas de los años ochenta, los mismos años que vieron el triunfo electoral socialista, el desguace de la UCD, los previos de la Perestroika, la engañifa de la OTAN y la vergüenza de enterrar a los asesinados por ETA sin el reconocimiento social que luego se les tributaría. Para ello tendrían que esperar a que los caídos dejaran de ser principalmente militares para dar entrada, en tan trágica nómina, a los representantes políticos. ¡Cuan poca misericordia se dispensaba entonces por parte considerable de la Iglesia española!

Si los once firmantes en 1931 del Manifiesto de La Conquista del Estado impulsado por Ramiro Ledesma, sólo mantuvieron el denominador común de no permanecer indiferentes ante la agitación de los años treinta, aun desde derivas ideológicas muy dispares, los jóvenes falangistas de los ochenta retratados en la novela de Brea, andan ahora repartidos entre el movimiento cívico activo.

Precisamente esa evolución compuso el mosaico de notables que asistieron a la presentación de la novela, en un céntrico restaurante sevillano. Investigadores universitarios supervivientes a la caza de brujas, miembros del movimiento vecinal y de las asociaciones pro libertad de educación, escritores y poetas, gentes del movimiento provida y algún que otro antiguo seguidor de los “mods” británicos; todos estuvieron presentes junto a falangistas en activo.

Si el denominador común del nacionalsindicalismo treintista fue enfangarse en una sociedad decidida a ventilar su enconamiento en una lucha fraticida, el público de Antonio Brea tendría como denominador común el “ni me arrepiento ni me olvido” del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas. Sic transit.

sábado, 9 de febrero de 2008

Hemos leido. "En una España cambiante", de Pedro González-Bueno y Bocos

Pensábamos hacer una crítica a este libro póstumo de memorias, de un gran ingeniero que además fue un buen ministro, Pedro González-Bueno y Bocos.

Y cuando ya teníamos leído y anotado el libro... ¡zas!, nos encontramos con una crítica inmejorable de En una España cambiante, aparecida en nuestras páginas amigas de Trapisonda, con la firma de Juan Luis Calleja, así que, sin posibilidad de mejorarla, la traemos aquí.

EN UNA ESPAÑA CAMBIANTE

La crítica de D. Juan Luis Calleja, sobre un libro que Trapisonda recomienda a sus rectores, que sabrán cómo se hace en los renacimientos de España.

EN UNA ESPAÑA CAMBIANTE. Pedro González-Bueno y Bocos. 348 págs.- Ed. ALTERA.



Dadme talentos aptos, que busquen la gloria de
hacer bien a los intereses del mundo, y veréis
prodigios.
Juan Pablo FORNER.



He aquí la veloz autobiografía de un ingeniero dedicado a España. Va deprisa, desde la infancia, los estudios, los destinos primeros, los amores definitivos y la familia, hasta 1936, cuando Calvo Sotelo es muerto por el odio, la envidia y el cálculo. Vuelve a acelerarse, en previsor salto hacia los campos que quedarían en zona nacional. Truena la guerra. Y vuela el libro, enseñándonos por arriba y sin detalles premiosos, en panorama desde lo alto, el trabajo profesional y la filosofía política de este hombre como ministro de Franco. Cesado, aún en plena Cruzada, seguimos enterándonos en páginas sin rodeos de sus iniciativas politécnicas y sociales, y sus incesantes “aventuras empresariales” hasta la paz y muchos años después, hasta la jubilación del autor.

La esencia de lo que puede decirse de este libro está en la introducción del hijo del autor y en el prólogo de Fernando Suárez González. Según el primero, Pedro González-Bueno y Benítez, el autor no se propuso contar la guerra que vivió, ni lo anterior o posterior a ella, sino “lo que fue su paso por la vida, que refleja lo que fue su forma de ser, y todo ello teniendo como telón de fondo casi un siglo de la España cambiante”. Según el prologuista, las dos notas esenciales de esta autobiografía son la admiración, el respeto y la devoción que González-Bueno sentía por Francisco Franco, y la naturalidad con que se mezclan en la vocación y en la conducta del autor su acción de hombre de empresa y su ambición por el desarrollo y la modernización del país. Así es.

Vaya por delante que el elogio a Franco escasea en este libro austero. La admiración surge, según leemos hechos, datos, y cambios grandes y pequeños en el ilusionado ambiente de renovación promovido por Franco. Pero no hay en este libro aclamaciones ni aparatosos loores. Tal vez es el lector quien los va poniendo, según tropieza con cosas como éstas:

“Curiosamente era el Generalísimo el que menos limitaba el pleno ejercicio de la responsabilidad de cada ministro. Escuchaba, preguntaba en algún caso y asentía” – Pág.164

(Ante muy fuertes, exigentes y amenazadoras presiones de Alemania). “Entendía él, sin embargo, que era preferible perder la guerra a admitir lo que calificaba como una forma de colonización. Prefiero –dijo- que ganen los rojos, que también son españoles, a ceder ante esa exigencia.” –Pág.172

(Ante quien ponderó su heroísmo en Africa, después de ver una película sobre su vida). Franco dijo: -“-Eso no tiene tanto mérito. Por mi educación militar, el cumplimiento del deber es una costumbre de la que no puedo prescindir.” Pág.227

“La impresión de M. Bercot (Presidente de Citroën) sobre la personalidad de Franco fue notoria. No podía imaginarlo él tan natural y asequible. “Me he quedado asombrado de la gran sencillez del Generalísimo Franco y de la rapidez con que ha reaccionado buscando soluciones al problema que usted le exponía.” Incluso comparó esa actitud con la del general De Gaulle, al que había tenido que visitar por temas relacionados con la Citroën. Según sus palabras, le había mantenido en la posición de “firmes” y sin que prácticamente pudiera hacer otra cosa que oírle. No tuvo oportunidad de hacer al general exposición o pregunta alguna.”. Pág. 284.

“Nunca habría logrado desarrollar mis ideas y mi creatividad si no hubiese sido por su receptividad y apoyo a todo cuanto él, en su innata predisposición a escuchar, percibía algo constructivo y positivo para España, prestando además su impulso, sin interferir nunca en las competencias de aquellos a quienes correspondía decidir.” Pág.295

EN UNA ESPAÑA CAMBIANTE nada hay de bombo interesado ni de propaganda. Viene limpio de palabrería. Lo que en él no son hechos, consiste en sentimientos promotores. Nunca explota las fáciles ocasiones para el homenaje. Ejemplos:

Cuenta la gesta del Alcázar de Toledo, que emocionó al mundo, en catorce líneas. Y no vuelve a mencionarlo. Los tres meses del roto sitio de Oviedo, una ciudad con cientos de miles de problemas temblando en docenas de miles de habitantes, fué homérica victoria que González-Bueno, alude de pasada, al comentar la tranquilidad del noviembre de 1937, diciendo que, de aquel mes, “ merece destacar la concesión de la Laureada de San Fernando al general Aranda y los defensores de Oviedo,” un estoico renglón y medio de notaría: Dieciocho palabras y ni una más, en todo el libro, sobre aquella pasmosa hazaña. La caída de Madrid y el fin de la guerra constan también sin grandes ni largas elocuencias, pasando deprisa al recuerdo de acciones de desarrollo y promoción social:

“A primeros de enero de 1939, el Generalísimo me había hecho notar la gran necesidad que existía en nuestra sociedad de viviendas asequibles a familias de renta modesta”. A siete días de la Victoria con mayúscula, el 24 de marzo del 39, González-Bueno inaugura en Santander una exposición de la Artesanía española. Y apenas dos semanas después de la misma Victoria, el l9 de abril, nace el Instituto Nacional de la Vivienda.

De presunción y alardes, ni rastro. El honor y la solvencia de España se guardan con honda, fija y seria naturalidad. El autor puede certificar, por ejemplo, un hecho probablemente único en la historia universal de los conflictos civiles del mundo: “Me consta que España canceló todas sus deudas de guerra, tanto las adquiridas por la España nacional como las originadas en la República”. ¿Dónde lo dice? Allá abajo, en una nota a pie de página y en letra para lupa.

Es popular el consejo que, según cuentan, dió Franco al almirante Maturone, que se resistía a encabezar el Ministerio de Marina por sus propios límites en ciertas artes: “- Haga usted lo que yo. No se meta en política”. Pues bien, en estas memorias se ve que, en efecto, ni Franco ni, por lo menos, González-Bueno anduvieron en politiquerías, absortos hasta tal punto en la construcción del bien común que, a éste, le distraía de las noticias del frente. Así, en la página 185 cuenta cómo un día el general Vigón le puso al corriente de la marcha de la guerra, “sobre la que yo no contaba más que con las concisas noticias que sobre ella daba Franco en los Consejos de Ministros,” lo que nos revela, nada menos, que la mismísima guerra y sus frentes no eran el tema dominante que Franco llevaba a aquellos consejos: Llevaba las urgencias de la administración, reconstrucción y mejora de España, urgencias sobre las que Franco escuchaba, preguntaba y decidía. Esto queda claro en las memorias de González-Bueno.

Y eso, el arte de organizar la convivencia y la prosperidad de todos, como señala Fernando Suárez, es el meollo de EN UNA ESPAÑA CAMBIANTE, donde el autor habla del Fuero del Trabajo que amparó a los trabajadores hasta 1976 y de otras grandes creaciones o iniciativas suyas, como las Magistraturas del Trabajo o el Servicio Nacional del Trigo, con su arenga ¡Arriba el campo! Pero no se acuerda de todo lo que en ese campo, un erial, roturó, aró y sembró la fértil diligencia de González-Bueno. Fernando Suárez remedia el olvido recordando comedores en las empresas para obreros, economatos, cooperativas; turnos para que los trabajadores tuvieran vacaciones en plena guerra; jornal fijo para eventuales; indemnización por accidentes de trabajo, incluso, si ocurridos en zona enemiga; trabajo regulado a bordo de buques mercantes; Reglamentos Nacionales para el trabajo en Siderometalurgia, Hostelería, Cafés, Bares, Conservas y Salazones de Pescado…

Aún en guerra y después de su fin, siguen las consultas con Franco y la sincera, devota fe en su visión de estadista. Y continúa la rápida autobiografía, insuficiente en detalles, excesiva en modestia, relatando las diversas “aventuras empresariales”, fundadas en los cimientos firmes del ingeniero e inspiradas por su afán de servir a España. Entonces, empuja e inicia la electrificación de los ferrocarriles; Surge la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas; instala en Vigo la Citroën y la preside; crea zonas residenciales en Canarias, rema como un atleta a bordo de sociedades como RENFE, TETRACERO, SICE, GEE, CASER, AGIGANSA, etc. Contribuciones, sin duda, a la España cambiante que, de los 107 dólares de renta per cápita en 1940, llegó a los 2.574 en 1975.

Una dramática entrevista última con Franco, a punto de muerte, es el ocaso del libro. Con una mano temblona y voz débil, aún le salen a aquel hombre apoyos de Caudillo, cuando González-Bueno le confiesa sus temores políticos en el porvenir: “Levantando la voz y con una sonrisa me dijo: Tenga usted confianza. Tenga usted confianza…”

Don Pedro González-Bueno y Bocos fué un dinámico motor de ideas, un escultor político de cincel certero, fiel a España, a su familia y oficio. Uno pasa con interés, deprisa, las páginas de su libro, como aprisa fueron escritas. El lector podría sospechar que el autor, indagando con más fruición y menos austeridad en sus grandes recuerdos, habría puesto su libro más cerca, más a la altura de sus propios méritos. Aunque, a lo mejor, acertó. Porque la obra también conquista por limpia de vanidades y exageraciones. Y porque Forner, que escribió en sus “Exequias de la lengua castellana,” lo arriba citado, también allí puso: “La capacidad humana pierde tanto por no investigar como por querer investigarlo todo”

Juan Luis Calleja

martes, 29 de enero de 2008

Hemos leido: "La Legión que vive", del Coronel Juan Mateo

Hay veces en que libros deliciosos son sepultados en los anaqueles de la historia. Raramente se puede contar con una reedición. Pero con mucha fortuna, La Legión ha sabido dar de nuevo luz a uno de sus clásicos, La Legión que vive, una pequeña gran obra de quien fe su Jefe en los primeros 30, el Coronel Mateo.

Nuestros amigos de la BitácoraPi hacen una crítica y nosotros, con mucho cariño, se la robamos.

EL ESPÍRITU DE COMBATE. “LA LEGIÓN QUE VIVE”, UNA REEDICIÓN MUY NECESARIA.

En una acertadísima y oportuna reedición, La Legión nos permite disfrutar de nuevo de uno de sus textos más clásicos: "La Legión que vive", de Juan Mateo y Pérez de Alejo, quien fuera jefe del Cuerpo del 26 de abril de 1931 al 7 de marzo de 1932, fecha en que fue víctima de un cobarde y mortal atentado. La primera edición fue publicada como un póstumo homenaje al Coronel Mateo en 1932 por la imprenta África en Ceuta (1932).

Es reconfortante poder no dar por perdidos libros como el presente. Libros que no solo son parte de la historia, sino que rezuman emoción por cada una de sus páginas. Leyéndolo, uno no puede más que pensar en el espíritu de combate (del credo legionario: El espíritu de combate: La Legión pedirá siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años), porque es cierto que sin contar los días, los meses, los años, estas páginas piden entrar en fuego, piden un lugar en primera línea, ante el desorden histórico que hoy se vive. Lo piden y, La Legión, se lo ha concedido. Un honor con el que, a pesar de los años que arrastran estas páginas, ha sabido cumplir este libro.

Podemos encontrar una miríada de emociones leyendo este clásico. Podemos reír, sentir orgullo, perplejidad o emoción, según avanzamos por sus capítulos. Reírnos con la aventura del carterista, que cuenta como un antiguo canalla que toma el rango de caballero al ingresar en La Legión, le afana la cartera al propio Millán Astray que indagaba sobre las habilidades de su antigua vida. Emocionarnos con la historia del Teniente Conrado, una lengua que solo se frenó en dos ocasiones, cuando un balazo le atravesó la mejilla, y años después cuando le descubrió al Coronel Mateo que estaba ocultando que se quedaba ciego. Perplejidad con Rasgo legionario, que nos muestra como hasta cuando un legionario tiene faltas sabe no solo cumplir con el castigo que le corresponde, sino resarcir el daño causado... aunque sea con técnicas de tahúr. Y, como no, podemos henchirnos de orgullo recordando la gloriosa muerte del Teniente Ceballos, caído por no saber dejar a compañeros en peligro.

Un libro, en suma, que nos sumerge en el espíritu de este auténtico cuerpo de élite, llamado primero el «Tercio de Extranjeros», posteriormente «Tercio de Marruecos», «Tercio», y finalmente «La Legión». Y lo hace llevándonos a unas fechas no muy lejanas de su origen, apenas diez años después de su fundación, fruto del esfuerzo del entonces comandante de Infantería José Millán Astray, creando un cuerpo en poco tiempo ya maduro, de soldados profesionales, con una moral y espíritu de cuerpo sin superar por otro.

Por expresar una queja, he de lamentar lo reducido de su tirada, tan solo mil ejemplares, que son además accesibles tan solo acudiendo a la propia Legión. Y es una pena, porque textos como éste deberían ser difundidos cuanto más, mejor. A buen seguro destacaría entre tanta basura literaria con la que las editoriales se prodigan con desoladora frecuencia.

jueves, 18 de octubre de 2007

Ahorre tiempo, no lea "Una arrolladora simpatía", de Juan Antonio Rios


Si a usted le gusta la obra de Edgar Neville, si tiene respeto por su figura histórica, si piensa que no existen los buenos y malos en un sentido puramente maniqueista, si no cree que la historia es un chicle que se puede estirar a gusto o, si simplemente es un amante de la literatura, le ahorraremos mucho tiempo: no lea este pestiño.

Sumergirse en el es visitar la Damnatio memoriae de los romanos: lo que no gusta o se elimina o se cambia.

Podríamos hablar largo y tendido de este libro, pero los amigos de BitácoraPi nos han ahorrado el trabajo. Con cariño, recomendamos la lectura de su crítica a este libro.

domingo, 15 de julio de 2007

Hemos leido. "El heroe asustado", de Arturo Robsy



Resulta difícil hablar de un libro de Arturo sin caer en la lisonja. Amigo..., no, no es la palabra ni el sitio para andarnos con pinzas dialécticas, camarada cuadra mejor... camarada de años, es al tiempo un escritor envidiable por todos aquellos que tenemos cierta querencia a la pluma (estilográfica, no se asusten, que aun no hemos derivado por esos vericuetos de lo políticamente correcto).

Pero no, no busquen sus libros en anaqueles. Excepto alguna excepción, como el escrito a la par con el genial Ángel Palomino (Premio Nacional Miguel de Cervantes), Lío en Kío, o el siempre recomendable César, que a buen seguro visitará esta página, el resto de sus libros solo pueden ser encontrados por internet o con sus autoeditados ejemplares. Las editoriales del sistema, aun conociendo su calidad (esto me consta, se que en ese sentido lo tienen altamente conceptuado en editoriales "muy serias") no pueden permitirse publicar textos de un apestado azul, de Arturo Robsy.

Uno de sus libros más impactantes, que se viven página a página, es EL HÉROE ASUSTADO, O EL COMANDO MADRID MUERTO A BESOS, un libro dedicado a todos los incomprendidos y sufridos terroristas, exhortándolos a entregar, cuanto antes, su última gota de sangre.

No desvelaré la trama del libro, que pueden descargar aquí o leer aquí. Simplemente les trasladaré la idea central, el como alguien normal, que vive una vida normal, puede ser la clave para acabar con ese demonio que nos come el norte.

No duden en leerlo, será una de esas lecturas que se graven en su historia literaria, que marquen su devenir vital. Cuando di con el, primero lo leí en la pantalla del ordenador, para terminar imprimiéndolo y encuadernándolo para poder gozar con él a la sombra de un árbol, que es como se paladean mejor estos libros: entroncados con la madre tierra, la madre patria.

Lean y vivan con ese héroe en chandal que es Josemari la gran emoción no solicitada de luchar con el etarra macilento.

lunes, 9 de julio de 2007

Hemos leido. La revolución nacional justicialista, de Vicente Blanquer.



De igual manera que la historia española interesa fuera de nuestras fronteras, en España hay mucho estudioso que se interesa por lo que pasó lejos de nuestra casa. Y de todos los fenómenos, el peronismo se lleva la palma.

¿Se puede escribir algo, preparar un volumen, que destaque entre lo ya existente?. Si, se puede y lo ha hecho mi querido amigo (¡y compañero de colegio!) Vicente Blanquer. (Vicente, me debes pincho de tortilla y caña).

Para colmo de satisfacción, la crítica, en el blog amigo BitácoraPi, viene de la mano de otro querido amigo, Juan C. Garcia. Disfrutenla. Y disfruten del libro.

"LA REVOLUCIÓN NACIONAL JUSTICIALISTA", OPERA PRIMA DE VICENTE BLANQUER

Juan C. GARCÍA



Pónganse incómodos: hablamos de Perón.

Acaba de aparecer, de la mano de la barcelonesa Ediciones Nueva República, un libro sobre el justicialismo o, para que el personal nos entienda, el peronismo. Hecho que no podemos dejar de celebrar pues no en vano cuando hablamos de política con mayúsculas, mucho más allá del encefalograma plano que nos rodea, saludable es recordar que, aunque no acaben de creérselo las nuevas hornadas de españolitos, ha habido a lo largo de la historia - y, más concretamente, la historia del pasado siglo XX - lugares donde la imaginación sí estuvo en el poder.



Sería muy pretencioso decir que "La revolución nacional justicialista", primera criatura en forma de letra impresa de nuestro entrañable Vicente Blanquer, viene a cubrir un hueco en este acromegálico emmental intelectual en el malvivimos, pero sí a poner algún punto sobre alguna i, habida cuenta que el nombre de Juan Domingo Perón va de boca en boca de algunos tertulianos - fundamentalmente radiofónicos e interneteros - aquejados de un reduccionismo - neoliberal o posmarxista, esto es lo de menos - tan brutal que, como no podía ser de otra manera, colocan al general en el ignominioso barrizal de lo políticamente incorrecto.



"La revolución nacional justicialista" es un libro que tiene dos grandes virtudes. La primera es el estudio introductorio de Blanquer que a mí y a algún otro amigo que lo ha leído se nos antoja corto en exceso. Sin duda es un error perfectamente calculado: lo breve si bueno dos veces bueno. No se puede hacer un repaso más denso y en menos páginas que el que Blanquer hace en "La revolución nacional justicialista" del peronismo, movimiento al que no sólo atribuye grandes beneficios a Argentina, sino que lo eleva a la categoría de mito fundacional, ya que Perón, a decir de Blanquer, fue "el hombre que quiso nacionalizar la nación y de quien se ha dicho, acertadamente, que inventó Argentina, puesto que la Argentina de antes de Perón no era mucho más que cualquier otra colonia del imperialismo británico".

La otra gran virtud de este libro es que nos encontramos frente a frente con el verbo de Perón. Sin intermediarios, habla Perón. A mí este tipo de libros me seduce especialmente. Estoy bastante harto de esos libros que, a través de sofisticadas puntadas, se dedican a hilvanar citas, de aquí y de allá, para mayor gloria del producto final. Blanquer nos hace un gran regalo compilando discursos, escritos y una entrevista que el inquietante óptico belga Jean Thiriart realizó a Juan Domingo Perón para La Nation Européenne. La selección, que podría haberse hecho de mil y una maneras, no tiene el más mínimo pero a nuestro juicio. Se abre con un discurso en la campaña electoral de 1946 y se cierra con el discurso pronunciado en la Plaza de Mayo el 12 de junio de 1974, pocos días antes de morir y auténtico testamento político de quien tuvo a la Argentina en el corazón y en el cerebro y de quien tuvo a las clases más desfavorecidas del país como máxima preocupación.



Si tengo que quedarme con un texto - sin verme por ello obligado a desmerecer los demás -, elijo, sin duda, "La Comunidad Organizada" (págs. 59-105), conferencia que el general pronunció el 9 de abril de 1949, en Mendoza, como clausura del I Congreso Nacional de Filosofía organizado por la Universidad de Cuyo, una de las universidades de reciente creación con el objeto de puentear la hegemonía de las Universidades de Buenos Aires y Córdoba, y avanzar en una política de auténtico federalismo cultural y educativo. Sencillamente magistral. Una auténtica guía para momentos de apagón generacional, y no sólo en el plano metapolítico, sino también en el personal, del día a día.



No quiero terminar estos párrafos sin antes advertir a quienes han considerado, consideran y considerarán al general como una suerte de apóstol de anticatolicismo y de un marxista con piel de cordero que, tras la lectura de "La revolución nacional justicialista", van a quedar... absolutamente decepcionados.

Gracias Vicente.

Hemos leido. Desertores, de Pedro Corral



Encontramos en un blog curioso pero entretenido, una crítica peculiar a este peculiar libro, que aqui reproducimos.

Advertimos que el lenguaje del autor, políticamente incorrecto, emana de la sala de banderas del acuartelamiento más lejano de La Legión. Oidos sensibles, abstenerse. Es por eso por lo que la reproducción se basa en este caso únicamente en el enlace, sin reproducir el texto. Leanlo aquí.

miércoles, 27 de junio de 2007

Hemos leido. "DIEGO DE UCEDA", O EL IMPERIO QUE FUE. BitacoraPI



De un blog que seguimos atentamente, nos permitimos tomar, con mucho respeto para con los propietarios, una crítica de un libro que reputamos más que sugerible. Una de esas novelas que, en estos tiempos pre-estivales, se hacen más que recomendables para, a la par que se busca un merecido descanso, nutrir nuestro acervo de conocimientos y subrayar la españolidad de nuestro interior.

Se trata de "DIEGO DE UCEDA", O EL IMPERIO QUE FUE, una crítica de Juan V. OLTRA aparecida en "BitácoraPI", en este enlace.

Crítica a "Diego de Uceda. Tres actos en la vida de un soldado del rey Felipe II", de Ángel de La Iglesia.



No busquen en la gran, ni tan siquiera en la pequeña historia de España a Diego de Uceda; este humilde aprendiz de zapatero que llegó a sargento en aquel ejército que dominaba al mundo no existió.

Pero aquí miento: no existió como tal Diego de Uceda (aunque si revisan la bibliografía referente a sus años de supuesta vida con calma, verán a un Diego de Uceda condenado por la Santa Inquisición... y a otro Diego de Uceda, agustino, que pugnaba por una cátedra en Durango, dos destinos que hubieran podido ser posibles para nuestro héroe). No existió Diego, pero el personaje resulta arquetípico. Y es que mi querido Ángel de La Iglesia, absorbido por las historias de pícaros y soldados del siglo de oro, convirtió su pasión en texto regalándonos este espejo de aquellos soldados duros como el pedernal. Un texto que nos lanza en un viaje imprevisto, donde las descripciones nos hacen vivir en Madrid (¡el Madrid de Felipe II, nada menos! ¡La Roma de la hispanidad!) recorriendo su entorno, admirándonos ante la construcción de El Escorial y gozando del viaje hasta Ávila para, conforme las páginas vuelan en nuestras manos, gozar y sufrir con él en Nápoles e incluso en la Berbería.



Mediante tres historias ambientadas en la adolescencia, la plenitud adulta y la madurez de Diego de Uceda, el autor describe costumbres, alimentos, calles, armas... refleja toda una sociedad poderosa, la española que poseía un imperio donde no se ponía el sol, sin obviar las relaciones de poder e incluso cuestiones hoy obviadas en textos similares por considerarse, a la luz de lo políticamente correcto que hoy nos alumbra, improcedentes. Es justo esa precisión de erudito, de autor al que se le nota un amor tremendo por su obra, la que evita a Ángel el transitar por el camino de la alianza de civilizaciones en este encuentro. Y es lo que más le agradece el lector, aunque yo barrunto en lo particular que lo que hubiera preferido pasaría por avanzar con un real Diego de Uceda en una descamisada contra un ejército enemigo.



No duden en sumergirse en un libro que les provocará una cascada de sensaciones. Que les hará ver la amistad, el amor, la pasión, la traición y, sobre todo, la camaradería. El veredicto sobre el libro no puede ser más positivo: si usted gozó en la gran pantalla con Alatriste, si recuerda con cariño las lecturas sobre ese soldado, o, aun más, si Alonso de Contreras es para usted un tótem literario, no lo dude: éste es su libro. Un libro que le arrastrará por tiempos violentos y le hará cambiar por unos segundos su mando a distancia por una espada afilada. Por buscar algún reproche a este texto para con el autor, señalaré su brevedad. Puede parecer extraña esta aseveración para con una obra de cerca de 300 páginas, pero lo cierto es que nos deja con la miel en los labios.



Queda esta propuesta en el aire: hemos acompañado al personaje en tres momentos muy breves de una vida que se reputa azarosa. El lector llegado a la apología final, debe exigir al autor que no nos escamotee el resto de su vida.


Editorial Armas Tomar