domingo, 20 de septiembre de 2009

América: Hombres a caballo.

Desde los primeros años de la independencia de Nuestra América, surgieron a caballo y con el sable en la mano los caudillos que moldearon su configuración actual. Realistas como Boves e independentistas como Bolívar. A veces pobres y a veces ricos, cultos y analfabetos, peninsulares, canarios y criollos...

La literatura los ha retratado con singular facundia. Bolívar ha sido protagonista de numerosísimas obras, literarias y biográficas. Sugerimos ahora la novela "El general en su laberinto", de Gabriel García Márquez, que en este singular relato dio un giro a su mágico realismo para narrar el viaje a ninguna parte de un Simón Bolívar moribundo, que rememora en su periplo por el río Magdalena, su pasada y azarosa vida.

La personalidad de Tomás Boves, ha sido unida a la del llamado "Libertador" por mor de la "guerra a muerte" de 1813 entre ellos. El asturiano Boves, ha sido llamado "El león de los llanos" o "El urogallo", por defensores y detractores, y a España llegó su perenne actualidad con la obra del masón venezolano Acisclo Valdivielso Montaño, de la mano del "Grupo Editorial Asturiano" en los años noventa, amena biografía que había sido escrita en Venezuela sesenta años antes.

Boves y Bolívar se enfrentan a través de la ira de "pardos" realistas y criollos independentistas en la mítica "Las lanzas coloradas", novela de Arturo Úslar Pietri, que hace referencia a las garrochas tintas en sangre de los llaneros. La tragedia y la ferocidad se encarnan literariamente en la figura del mulato Presentación Campos, que siendo capataz de los esclavos, vive el conflicto desde una terrible moral nietzscheana, lanzando verdaderos dardos del pensamiento más acre: "De la guerra salen los verdaderos amos" ó "la tierra es para que los hombre guerreen sobre ella".

Si miramos desde la Vieja Europa todo esto, podemos acercarnos a Pierre Drieu La Rochelle, que en "El hombre a caballo" comprendió desde lejos la vehemencia de los generales, tamizada por las lecturas de Ricardo Güiraldes ("Don Segundo Sombra" influye hasta si comparamos las dos últimas frases de ambos libros, que acaban en desasosegante despedida; aquel termina en un "yo me fui, como quien se desangra", y Drieu hace remata su obra con "el hombre a caballo iba a pie"). La obra de Drieu La Rochelle, más alejada de la palpitante realidad de Úslar, entra en el conflicto latente y a menudo interesado entre indios, blancos y mestizos, explotado por el imaginario capitán boliviano Jaime Torrijos, y en la actualidad por extravagantes y vehementes caudillos como Evo Morales, Hugo Chávez o Antauro Humala. La realidad y la literatura, ambas fantásticas, se confunden en la ubérrima América.

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