sábado, 30 de abril de 2011

Hemos leído: "Vivir en guerra"

Otro libro de una colección que hemos traído aquí con desoladora frecuencia, alguno de forma reciente.

El comentario para Vivir en guerra, es gemelo de sus otros hermanos: libro-pelu.

Definimos así una nueva etiqueta para el blog. Con Libro-pelu haremos alusión a aquellos ejemplares que sí, merecen nuestra atención, pero con una forma de lectura alejada de la convencional: la misma que usaríamos para trastear esas pilas de revistas en consultas médicas o barberías, esperando nuestro turno de forma distraída: ver las fotos y olvidar los textos.

sábado, 23 de abril de 2011

Hemos leído: "Novísimas aventuras de Sherlock Holmes", de Enrique Jardiel Poncela

No es la primera vez que traemos obras de Enrique Jardiel Poncela publicadas en los Breviarios del Rey Lear. Y de igual manera que recomendamos su Ventanilla de cuentos corrientes y su Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull, lo hacemos con éste volumen.

Magnífica y cuidada edición, con un prólogo de Rafael Reig que, contra lo que viene siendo común en este tipo de ediciones, no es mero relleno, sino que vale la pena, son éstas Novísimas aventuras de Sherlock Holmes un breve ejemplar que no debe faltar en ninguna biblioteca particular.

Ésta obra suele ser confundida con "Los 38 asesinatos..." pues básicamente una nace de la otra. Efectivamente, Jardiel, como gran perfeccionista, retomó una idea ya escrita para matizarla, enmendarla y ampliarla. No obstante, ambas son igualmente magníficas y, por supuesto recomendables.

¡Cómprenla!

jueves, 21 de abril de 2011

Hoy Palabra y Obra deja a un lado los libros


Hoy el equipo de Palabra y Obra os pide una oración. Os rogamos que en estos días con una espiritualidad tan sentida, tengáis presentes a Marta y a sus padres. Marta, una niña, acaba de fallecer tras casi media de su corta vida luchando contra el cáncer.

Desde aquí mandamos un fuerte abrazo a sus padres, él una figura muy conocida dentro de lo que eufemísticamente se llama "nuestro entorno".

Un abrazo, y una oración.

sábado, 16 de abril de 2011

Hemos leído: "Hacia el final de la contienda"

Otro libro de fotos. ¿Méritos?. Si, los tiene. Siempre es un lujo recrear la vista sobre la historia hecha imagen.

Pero... como suele suceder, no sólo se trata de algo políticamente correcto (ya no diré "objetivo" o "neutral"), sino en muchos casos, beligerante.

Vamos, que Hacia el final de la contienda es un libro magnífico para verlo, pero como esas revistas del hígado que pueblan las consultas de dentistas y las peluquerías, pasando las páginas viendo las fotos y olvidando los textos. A menos que su médico les haya sugerido que deben procurarse una úlcera de estómago, en cuyo caso está totalmente recomendado.

Como punto fuerte a destacar, alguna foto de un fotógrafo de guerra hoy olvidado como tal: Bobby Deglané (del que por cierto andamos buscando una foto perdida, sirva esta entrada de anzuelo por si algún amable lector tiene fotos realizadas por Bobby Deglané durante la contienda y es tan amable de compartirla con nosotros).

sábado, 9 de abril de 2011

Rescatado del anaquel: "Dios llora en la tierra", de Werenfried Van Straaten

Este no es un libro, es un nuevo breviario. Un "Cantar de gesta" del siglo XX. Escrito poco después de la segunda guerra mundial por Werenfried Van Straaten, recorre Europa (delante y detrás del telón de acero), Asia, Hispanoamerica, África, ... descubriéndonos el sufrimiento y el dolor mientras los hombres miran a otro lado y Dios deja caer sus lágrimas sobre su Iglesia para despertarla y que, al menos ella, actúe.

Su autor, sacerdote siempre y monje antes de la segunda guerra mundial (su Abad dijo "Estoy contento de tener a Werenfried, pero también lo estoy de no tener más que un Werenfried"), decidió combatir el odio y fundó una revista que buscaba la reconciliación entre los combatientes de ambos bandos. Esta revista le llevó a empezar su peregrinación por los desiertos de escombros, descubriendo que Dios llora sobre todos los afligidos. Y crea la "Iglesia Necesitada", para ayudar en la medida de lo posible.

Es imposible presentar Dios llora en la tierra. Debo copiar las dos primeras frases del texto, que reflejan exactamente lo que quiero decir:

"Este libro no puede ser presentado. Debe ser leído"

miércoles, 6 de abril de 2011

Textos de ayer para hoy: "Fragmentos de una primavera", de Luis García Berlanga


Nunca hemos tenido el ánimo de ser políticamente correctos. Por eso traemos aquí un artículo aparecido en la Hoja de Campaña (el boletín que recibían los divisionarios en el frente ruso). En concreto el titulado Fragmentos de una primavera, aparecido en su número el 21 de marzo de 1943, en su página 8.

Su autor... Luis García Berlanga Martí (un guripa que aparece en la foto situada al lado de estas líneas y que seguro ustedes recuerdan más por otras actividades)

Un texto excelente, todo hay que decirlo. Disfrútenlo.


FRAGMENTOS DE UNA PRIMAVERA

Por Luis García Berlanga Martí.

Este articulo ha sido galardonado con el premio «Luis Fuster» creado por el S.E.U. de Valencia.

Los cinco llevamos en el fondo de la cartera, junto a las católicas estampas, madre y novia a la devoción a la Virgen, una rosa de los Alpes. Nos las dieron muchachas alemanas, también estudiantes, una tarde en que el dulce y húmedo paisaje de Baviera invitaba a enlazar los brazos. Ilse se llamaba la que conmigo paseó por los bosques inundando de melancolía el ensueño intraducible de nuestras miradas. Me acuerdo de sus manos tibias, de sus risas en la vieja cervecería ante mis esfuerzos lingüísticos y de sus ojos vidriosos en la despedida.

De aquellas tardes, hoy apenas me queda un recuerdo suave, congregado al tacto de esta blanca rosa de la nieve sumergida en mi cartera. Ahora ya no son los verdísimos bosques con ciervos y pájaros asomando su tímida fuga, sino este monótono e implacable paisaje ruso. Llueve, llueve suavemente, como parece agradar a los espíritus apacibles. Los pies se hunden a cada paso en el barro, pegajoso y frío, mientras el agua resbala por nuestros capotes. Hay en todas las caras y en todas las cosas una extraña sensación de víspera. Todos sabemos que el frente está cerca, y hoy, no sé por qué, lo presentimos ya junto a nosotros. Las manos se estremecen de gozo al apretar el fusil, que pronto lanzará su grito de metal al enemigo.

Alguien ha dado la voz de alto. Se detiene poco a poco la columna y al borde del camino van surgiendo hogueras alrededor de las cuales se improvisan animados grupos. Uno de ellos, los formamos nosotros —«Los bohemios» nos bautizaron en el campamento-, camisa azul con cisne blanco bajo el verde uniforme alemán. Junto al fuego quizá un poco simbólico en esta fecha, 12 de octubre, hemos encendido las pipas, y Carlos como de costumbre, ha iniciado una conversación intrascendente, saturada de chistes y alusiones.

Pasa un enlace sobre una moto. Nos conoce; se detiene un poco y grita:
—¡Muchachos nos quedamos aquí! ¡Estamos a tres kilómetros de la primera línea!
Esta misma noche relevamos a los alemanes. Nos saluda brazo en alto y reanuda la marcha.

Al principio nos hemos quedado todos enmudecidos. Daniel es el primero en salir, de un ensimismamiento. Se vuelve hacia nosotros y dice tan sólo estas palabras:
—¡Ya era hora!

Parece como si la noticia hubiese eliminado de nuestro recuerdo la noción de los 1.300 kilómetros recorridos hasta este momento. Han desaparecido de nuestros rostros todas las huellas de sueño, fatiga y penalidades. Nos hemos puesto de pie y como en todas las grandes ocasiones, hemos cantado. Y ha sido una desgracia no conocer ningún himno del S.E.U., porque aquí en este instante y ante este paisaje, sus estrofas entonadas por nosotros hubiesen tenido una emoción y apasionada.
Con una Lili Marlen, rubia y exuberante, sueña este soldado alemán que silba la canción mientras amanece. Los dos estamos en el observatorio, sonriéndonos, ya no podemos hablar, y mirando con indiferencia lo que nos rodea, porque para nosotros el paisaje ha perdido ya el espíritu de tarjeta postal, de panorama en la excursión campestre hacia el que todos dirigimos el Kodak topificado de nuestras miradas. La única verdad que reconocemos es la de la blancura agobiante de la nieve que nos circunda y aplasta.

Ángeles esquimales —los vimos— nos trajeron el invierno. Pasaron ante nosotros inefables y altísimos, y a continuación volando hacia el Sur, inundando con la nieve de sus alas, pueblos y e estepas. Pero sabemos que arcángeles azules, de agua, están preparados para anunciarnos la primavera, su primavera, y esto nos consuela y reconforta.

Aquí, la primavera nos traerá consigo esta eclosión sentimental de pájaros y flores a que estamos acostumbrados en tierras meridionales. Aquí la primavera será —¡y ojalá sea pronto!— agua y nada más que agua, y agradeceremos tanto el primer charco que veamos a la puerta de la chabola, como la simbólica rosa inicial de los jardines.

De aquí esta indiferencia ante el paisaje. Sé que las torres exdoradas que se divisan hacia el Sur, son de Nowgorod —«la bella» la llamaron los rusos— aristocrática y veraniega hace cincuenta arios, deshecha y solitaria hoy, con las puertas y las casas abiertas, esperando no sé qué angustiosa comitiva. También sé que mirando hacia el Norte, me invadirá un burgués presentimiento de Leningrado, y que, enfrente de mí, pueblo de heterogéneos nombres, Sawod, Now-Nicolaiewscaja, Xenofonte... son destrozados poco a poco por la artillería ante nuestra impasible vigilancia; pero todo esto me importa poco. En concreto, solo veo, porque así me lo exige mi conciencia, el espacio que me han mandado observar, en este caso, las heladas riberas del Wolchow, con las barcas empotradas en el hielo, ansiosas de pescadores y de peces resbaladizos por sus cubiertas. Y aunque el crepúsculo debe ser hoy, con estos árboles escarchados, de una gran belleza, m retiro en cuanto te' mino la observación a nuestro refugio subterráneo, donde un par de leños encendidos, me harán más feliz que la poética contemplación de la naturaleza.
Julio ha empapado de sangre está retrasada primavera. Todavía queda nieve para grabar iniciales en su blanca superficie, pero ya han surgido las rosas que han de dulcificar la sepultura. Cerramos los ojos a esta angustia que nos invade, porque ya no está entre nosotros el mejor compañero. Sobre un carro, un carro de ruedas destartaladas y ejes viejos que chirriaban, a contraluz, con la estepa iluminada eternamente, llevamos ayer su cadáver a Motorowo, y en un jardín, la cabeza hacia España, lo enterramos. Eran las doce, esa hora crucial en que todas las ciudades del mundo, luces encendidas proclaman la infinita existencia del amor. Con él se fueron las medallas religiosas, el cisne blanco en la camisa azul y aquella rosa de los Alpes, que una estudiante alemana le regalara. Nos dejó, sin embargo, una antología de la buena muerte y una postura arrogante ante lo irremediable. Caía la tierra sobre su cuerpo y descendía sobre nosotros el afán silencioso en la lucha. Así, sin gritos proseguimos, cada vez más acelerada, la marcha hacia los límites de nuestra conciencia. Se desangran si, los cadáveres de los falangistas, pero esa sangre entra en las venas de los que quedamos para rejuvenecer nuestro ímpetu.

Tengo su diario entre mis manos. Es de tapas azules, y sus páginas están llenas de una letra apretada y ágil. Todas sus confidencias están trasplantadas —y aquí con más pureza— a la blanca amistad del papel. Por todas partes alusiones a su eterna entrega a la Falange. Se dictaba a sí mismo la violencia y la fe en la revolucionaria tarea. Leo...

« ¡Que día más terrible aquel en que ninguna mano extendida nos señale el mejor camino hacia la muerte. Si en la constelación falangista no se esperasen refuerzos, ¿Cómo íbamos a justificar nuestra presencia en este campamento terrestre?»

«Se nos quiere llevar a la malicia ofreciéndonos como cebo y consuelo el fácil recuerdo de lo pasado. Y no; no se hacen las revoluciones fundando un museo de añoranzas sino buscando con el punto de mira al enemigo.»

«Las consignas no deben perderse entre las páginas tibias de revistas que, nadie lee. Las consignas deben clavarse a gritos en paredes enemigas.»

Al terminar de leer me fijo en la última página, donde; a lápiz, pero con gruesos caracteres, había escrito:

¡ARRIBA ESPAÑA!»


A todo ésto, nosotros solo podemos gritar: ¡ARRIBA SIEMPRE!

sábado, 2 de abril de 2011

Rescatado del anquel: "Tres historias de unidad", de Juan Beneyto

Reconozco que cuando descubrí esta obra la compré por el apellido del autor, poco común, y que coincidía con uno de los fundadores de la Falange en Valencia. Y me equivoqué.

Me equivoqué al atribuirle un parentesco a Juan Beneyto que no tenía (¿o sí?) pero no me equivoqué al comprar el libro.

En tres partes, dedicados al "hombre de partido", al "hombre de trabajo" y al "hombre español cara afuera", y mediante un repaso breve pero intenso a determinados aspectos de la historia española y europea, Tres historias de unidad va conformando un clásico desconocido, una obra con gran calidad que, si se hubiera escrito desde una perspectiva por ejemplo marxista, tendríamos hoy reeditado continuamente, por su elevada calidad.

Texto breve, pero que se lee del tirón, es este libro de bolsillo que, si localizan en una librería de viejo, no pueden dejar pasar. Mil veces mejor que una novela actual, créanme.