sábado, 29 de diciembre de 2007

Hemos visto: Padre Pío.


En el año 2000, Carlo Carlei dirigió una película que era, por su formato, más bien una serie de televisión.

Doscientos minutos nos hablan de la vida tortuosa y difícil de un hombre que en Italia parece el santo por antonomasia, codeándose con el mismísimo "poverello" a cuya franciscana orden perteneció.

Francesco Forgione, nombre secular de Fra Pío de Pietrelcina, padeció durante cinco décadas los estigmas que el fundador de su orden recibió del Señor en el siglo XII. La cinta de Carlei, con una interesante interpretación de Sergio Castellito ( "El gran azul", "Las crónicas de Narnia"), toca muchos temas al acercarse a la vida del santo.

Se narran las insidias que soportó durante su vida, producidas por un obispo torticero e hipócrita, como por una curia insensible, entre la que se destacaba el P. Agostino Gemelli, científico brillante, que tuvo una gran inquina contra el de Pietrelcina.

En la película se narran numerosas anécdotas personales de toda la vida, contada en su más postrer ocaso por el protagonista, interrogado en su última enfermedad por un superior. Podemos destacar la pequeña referencia al encuentro entre el Padre Pío y un sacerdote polaco, llamado Karol Wojtilla, a quien el primero profetizó que llegaría a ocupar el solio pontificio.

La obra muestra una cuidada banda sonora y un uso de la luz y el color intensos y vigorosos, para apoyar la labor interpretativa de Castellito y el resto del elenco, que han de manejar un registro de recursos amplio al ejecutar personajes muy diversos que en gran parte de los casos, han de recrear todo el ciclo vital de estos hasta llegar a la senectud.

Recomendamos la película, y muy especialmente para los interesados en la "piomanía" tan intensa en Italia, y que ya empieza a llegar a medio mundo.


martes, 18 de diciembre de 2007

Rescatado del anaquel: "Los falangistas en 1973", de Sigfredo Hillers de Luque

Se trata de un breve opúsculo (12 páginas) que recoge las palabras pronunciadas por Sigfredo Hillers de Luque, quien fue fundador del FES, el Frente de Estudiantes Sindicalistas, una organización falangista que recriminaba al régimen del 18 de julio su falta -o nula- puridad nacionalsindicalista. Palabras pronunciadas dentro de un "Seminario de cuestiones españolas" en el Colegio Mayor J.M. Guitarte.

La fecha de su publicación, 1973, en el tardofranquismo, nos lleva a la obligación de contextualizar su contenido. Muchas de las cosas que ahí se leen tendrían una lectura muy, muy diferente hoy... y por supuesto también en los años 40.

De todas formas, no nos resistimos en destacar una línea, una sola, de este Los falangistas en 1973. Una frase que tiene toda su enjundia y que, desde luego, veinte, treinta, cuarenta años después, sigue igual de viva.

Sigfredo Hillers dice:
"El gran error de los falangistas ha sido estar esperando la aparición del jefe indiscutible, el jefe ideal. Nuestro jefe es la Falange, ella nos convoca y nos tiene que unir"

Rescatado del anaquel: "La enamorada de Mussolini", de Giuseppina Persichetti

¿Unas memorias de Clara Petacci?. La enamorada de Mussolini pasa por ser un repaso de sus últimos días de vida. Repaso apasionado, pocos años después de que los partisanos la colgaran como una pieza de carnicería.

Pero si el nombre de la autora, Giuseppina Persichetti, no nos dice nada, la editorial si lo hace.

Publicó este libro "ECA", o lo que es lo mismo "Ediciones El Caballero Audaz". José Mª Carretero, un escritor galante (eufemismo que enmascara lo que hoy llamaríamos pornográfico), quien, tras pasar buena parte de la guerra civil escondido en una cripta madrileña, jugando a las cartas sobre las lápidas por las noches para distraerse, sufrió una trasnmutación en sus escritos. Quizá sus ideas ya antes hubieran sido patriotas, pero la fuerza y, porque no decirlo, la fe del converso que parece traslucirse en sus líneas, no lo eran tan claras antes de sus traumáticas experiencias.

En este libro, en el que actúa de prologuista, hay una excelente muestra de ello, afanándose en colocar un pedestal ante dos cadáveres relativamente recientes: Hitler y Mussolinni. Algo, a todas luces, hoy políticamente incorrecto.

Rescatado del anaquel: "España tenía razón. 1939-1945", de José Mª Doussinague

Se trata este libro, difícil de cazar hoy, de un texto histórico, imprescindible para conocer y comprender la versión oficial del régimen del 18 de julio de sus actuaciones en la segunda guerra mundial.

El autor, José Mª Doussinague, quien fue director general de Política exterior, traza en España tenía razón. 1939 - 1945, los ejes de su tesis: España tuvo que sufrir los embates de los dos bandos en lucha, que desplegaron sus intrigas políticas y argucias para obligarla a abandonar su neutralidad por el interés que suponía el tenerla a su lado.

Puede ser catalogado como un texto coyuntural, pero lejos de perder interés con el tiempo, lo gana. Especialmente interesantes resultan, para ser leídos con la óptica de hoy, un par de capítulos: Gibraltar, por razones obvias que no escaparán al lector y Hohenlohe. Este último, a la luz de las ultimas investigaciones, que lo colocan como uno de los representantes de la verdadera Odessa, la werewolf que trató de rescatar a cuantos miembros reconocibles del partido nacional socialista, de las SS e incluso colaboracionistas croatas, franceses, belgas, etc., resulta un personaje mucho más interesante de lo que se perfila... pero no por ello deja de ser recomendable su lectura.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Hemos recibido: "Blau Division", número de diciembre de 2007

De bien nacidos es ser agradecidos. No sería necesaria más explicación para estas líneas, pero aun así, las daremos.

Estamos agradecidos a los redactores de Blau Division, en primer lugar, por mantener encendida una llama. Una llama que quisieran ahogar muchos bomberos aficionados, ante la mirada distraida de tantos otros.

Estamos agradecidos por conseguir con unos medios que si calificáramos de escasos estaríamos agrandándolos, elaborar unas páginas de altísima calidad e ineludibles para cualquier estudioso que se precie para recrear la historia de esa última gran epopeya española, la división azul.

Pero estamos especialmente agradecidos a Leandro Rodríguez por la referencia elogiosa que hace de nosotros en el número de diciembre. El equipo de Palabra y obra está henchido de orgullo.

Tan solo nos permitimos hacer una aclaración. Leandro Rodríguez parece sorprenderse de que leamos el Blau Division. Pues bien, no solo lo leemos y anotamos con esmero y cariño, sino que disponemos de la colección completa del boletín, completada bien por "herencia", bien por suscripción. Colección que es todo un tesoro, se vea por donde se vea.

Desde este humilde rincón de la red, nos permitimos volver a hacer una llamada a la suscripción. Todo aquel interesado debe hacerlo en las direcciones:

C/ Bazán, 20, 2º Local 51, 03001 - Alicante
o
Apartado de Correos 1.202 - 03005 - Alicante.

No podemos dejar pasar la ocasión de reseñar un excelente conjunto de poesías de Vicente Más Martínez que aparecen en este número. Nos tomamos la libertad de reproducir una de ellas, como muestra de la excelencia de esas páginas. Excelencia que invita a la suscripción a la misma. Excelencia en este caso poética, histórica y ... algo más.

A José Antonio Primo de Rivera
de Vicente Mas Martínez

Cual águila real te remontaste
libre del polvo que nos ata al suelo
y la ruta ideal que lleva al cielo
en acto de servicio señalaste

En alas de la fe que nos legaste
elevamos nuestra alma en raudo vuelo;
seguir en tu camino es nuestro anhelo.
Y la meta final el encontrarte.

¡Qué espinoso y difícil el sendero
para llegar al fin a tu Lucero!
más no asusta lo duro en la jornada.

Cinco flechas llevamos en el pecho,
cinco flechas que obligan al derecho
de podernos llamar tu camarada.

(Escrita en 1941)


sábado, 15 de diciembre de 2007

Hemos leido. "Memorias. 4045 días cautivo en Rusia", de Joaquín Poquet Guardiola

No estamos ante un libro de gran tirada, ante un best seller que pueda encontrarse en un supermercado, a unos metros de las patatas y rodeado de las últimas ofertas de lencería. No.

Estamos ante un documento de excepción, que no resulta cómodo para las mentes correctas hoy, y por tanto su lectura, vivificadora, debe ir precedida del sano deporte de la caza y captura. Damos una pista: para poder adquirirla conviene visitar la web oficial de la hermandad de la División Azul en Valencia.

Y es que Joaquín Poquet fue uno de tantos divisionarios que fueron huéspedes de Stalin en sus campos de concentración. Once años que no lograron acabar ni con su cuerpo, ni con su espíritu, y que culminaron en una resurrección oficial, dado que el cabo Afán de Ribera, que encontró su cartera junto a un cadáver desfigurado, comunicó su muerte por error. El mismo cabo le esperaría a pie del Semíramis cerrando el ciclo.

Son estas Memorias. 4045 días cautivo en Rusia, unas páginas que encogen el corazón. Desde el prólogo, de quien fue presidente de la hermandad en Valencia, Miguel Oltra (¡Presente!), hasta la colección de cartas que cierra el volumen.


lunes, 10 de diciembre de 2007

Cine de ayer. "La batalla de Argel"/"Mon oncle".






Hoy hablamos de cine.




Cuando parece que el cine actual tiene que refugiarse en estropear novelas para poder hacer algo decente, echamos la vista atrás al cine europeo que ha marcado época. Cine para revolucionarios profesionales y reaccionarios sentimentales.


En primer lugar, "La batalla de Argel", película apologética del FLN argelino y del terrorismo de la Casbah, aunque no siempre se deja llevar por el partidismo, y que describe, con descarnado realismo, la génesis de la independencia argelina.


Gillo Pontecorvo, un director italiano recientemente fallecido, comunista que renegó de Moscú en 1956, fue premiado en el Festival de Venecia de 1966 por esta cinta, que contó con la participación delante y detrás de las cámaras con miembros del FLN como Yacef Saadi, que se interpretó a sí mismo. El protagonista de la historia es otro: Omar Alí (encarnado espléndidamente por Brahim Haggiag), alias Alí La Pointe, un delincuente analfabeto que entra en contacto con los independentistas tras una de sus estancias en la cárcel, que le cambiará la vida.


Resultan memorables algunas escenas de la película, especialmente, las de acción. Particularmente podemos destacar el momento de la prueba de Alí Lapointe, en que debe matar a un gendarme por la espalda, pero se le entrega un revólver descargado; el clímax de la escena describe estética y psicológicamente unos acontecimientos que trastornaron a Argelia y a Francia, y en parte lo siguen haciendo hasta hoy.


Otros de los momentos destacables es el atentado con bomba de tiempo en el famoso "Milk bar" (que sigue existiendo en Argel) y que si no estamos mal informados, también ha sufrido atentados islamistas en los años noventa.

La interpretación del resto de actores es interesante, máxime cuando muchos son personajes del conflicto. No es el caso de Jean Martin, actor profesional que interpreta al coronel Philippe Matthieu, paráfrasis del general Massus. Martin, tras su impactante y marcial interpretación de Mathieu, quedó un tanto encasillado, y le vimos, años después, haciendo del legionario de la OAS Víctor Wolenski, en un breve e intenso papel en "Chacal", de Fred Zinnemann.

Es además muy interesante la banda sonora, de Ennio Morricone y el propio director, Pontecorvo. El uso de los crótalos y otros instrumentos bereberes tradicionales propicia, con su ritmo marcado, una intensa emoción a las escenas más trepidantes. Es lo que intentó emulando a Pontecorvo, Imanol Uribe en "La fuga de Segovia"(1981), usando un redoble de tambor a la mayor gloria de cada atentado de la ETA en la película, a nuestro juicio, con un pobre resultado.

A la película le falla un tanto una parte del final en plena fiesta de la independencia, inconexo. Además, se centra tanto en la Casbah (muy bien reflejada) que no acaba por ilustrar sobre "las dos Argelias", ni sobre la suerte final de "pieds noirs" o "harkis", ni sobre la OAS, que bien merecerían su lugar en el cine. "La batalla de Argel" se encierra en sí misma en una narración concéntrica que parte del final de Alí La Pointe. En suma y sin embargo, es una película muy significativa de la época, y a la vez muy provechosa para el espectador de hoy.


Para desengrasar, una película magistral, que llega al corazón. "Mon oncle" (Mi tío), es una historia tremendamente visual y colorista que llevó a su director, Jacques Tati (Jacques Tatischeff era su nombre original), a trabajar durante años en ella, para asegurar el resultado.

El director francés, con sangre rusa, holandesa e italiana, da una lección sobre las cosas sencillas de la vida, sobre un sobrino que es feliz montando en el trasportín de la bicicleta de su tío (Monsieur Hulot, interpretado por el propio Tati) en lugar de la vida cibernética y aséptica que le aguarda en su casa automatizada con sus padres, superficiales y serios.


Se cuenta la contraposición de la Francia tradicional de los últimos años cincuenta, frente a lo "snob", lo moderno, con sus convenciones artificiales. El poco sonido que figura en "Mi tío" es dosificado de manera excelente y evocadora, y se hace más y más sentimental con la memorabilísima banda sonora que pueden escuchar en la página web "Tativille" dedicada al director. http://www.tativille.com/


"Mi tío", sorprende porque parece difícil imaginar que los escenarios y la acción de la "Francia moderna" datan de 1958. Aparecen fríos bloques de viviendas, de arquitectura de acero o brutalista, en los que apenas se ve a nadie, y destaca el color gris o el blanco, como muestra de inhumanidad. Frente a ello, el color y desenfado decadente de una Francia (y una Europa) que muere de vejez, pero lo hace con una sonrisa en la boca. El buñuelero que echa con la mano sucia el azúcar sobre los buñuelos que vende a los niños, el barrendero que nunca acaba de barrer la calle, ocupado en hablar con algún parroquiano, el mercado de verduras callejero...


Jacques Tati logró hacer poesía cinematográfica con Monsieur Hulot. El personaje, que aparece en varias películas (por ejemplo "Las vacaciones de Monsieur Hulot"), crea una mezcla de ternura y humor desbordante que hace llorar y reir a los corazones. Imprescindible para quien quiera disfrutar con el cine más imperecedero.

martes, 4 de diciembre de 2007

Libros para el reposo del guerrero: "¡A mi no me grite!", de Quino

Joaquín Lavado, Quino, el autor de Mafalda, cuyas tiras han recorrido el mundo y han alegrado con un guiño irónico cientos de horas de muchos de los que ahora leerán esta modesta crítica, siempre fue más que un dibujante, que un caricaturista.

Fue un fiel retratista de la sociedad. Con sus dibujos capturaba situaciones, injusticias, realidades que podíamos reconocer muy próximas, a pesar del origen argentino de sus monos. Sus dibujos eran, y son, universales.

Y si lograron vencer la distancia y cautivar a gente muy lejana geográficamente, con este ejemplar se demuestra que ha vencido otra batalla: la del tiempo.

Y es que ¡A mi no me grite! fue el segundo libro de Quino, publicado originalmente en 1972, pero inédito hasta ahora en España.

Editorial Lumen ha decidido por fin editarlo en España, de lo que nos felicitamos. Leer a Quino equivale en ocasiones a un fin de semana en el pueblo. Relax y reflexión.

Rescatado del anaquel: "El Fuero Viejo de Castilla"

En momentos de catarsis, una de las mejores maneras de preparar el futuro es mirar hacia atrás. No con nostalgia, no empleando el retrovisor a modo de prospección de futuro, sino como afianzamiento de unos cimientos necesarios para poder construir el edificio con calma y seguridad.

Y en estos momentos en que las estructuras parecen comidas por las termitas, parece que llega la ocasión de hacer una visita a uno de nuestros textos clásicos que forjaron la convivencia en España: El Fuero Viejo de Castilla.

Acudimos a una reimpresión de la edición de 1771, una de las menos contaminadas por visiones posteriores, y nos encontramos una estructura en cinco libros donde se desgrana como el señorío del Rey de Castilla debe impartir justicia, y como ésta no es una veleta que, según la moda, debe orientarse. Vemos como se protege al humilde frente al poderoso, vemos como las herencias son algo cuidado, casi mimado, vemos el especial hincapié en el castigo a los que fuerzan mujeres, a los asesinos, como se protege a los huérfanos y como se rige con justicia los intercambios comerciales.

Y tenemos una profunda envidia.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Rescatado del anaquel: "Poemas de la Falange eterna", de Federico de Urrutia

Hubo una guerra en este país hace ya mucho tiempo. Una guerra donde se cometieron muchas atrocidades, tanto en un bando como en el otro. Una guerra es siempre algo terrible, algo que hay que evitar por todos los medios. Pero aun en el infierno más absoluto pueden surgir flores, preciosas flores que hacen más llevadero el horror.

Y eso fue lo que hizo Federico de Urrutia: plantó semillas de amapolas, rojas y negras. Ese semillero se llamó Poemas de la Falange Eterna, y de entre esas amapolas, queremos, debemos, destacar una de ellas, según nuestro criterio, la más bella: el Romance de Castilla en Armas.

Puede que el sentido que le den, que se le quiera dar, en esta sociedad en paz, esté muy lejano al que dio el autor. Pueden intentar contextualizarla o no. No importa. Es una poesía exquisita que merece ser recordada.

Aquí la traemos. Tomen aire, relájense y... disfrútenla:

Romance de Castilla en armas

Por la parda geografía
de la tierra castellana
cara al sol de los trigales
los falangistas cantaban.

Allá en la plaza del pueblo,
bajo la iglesia dorada,
las mozas están llorando...
¡Madre, los mozos se marchan!

El traje de los domingos,
el trillo, el heno y la azada,
los caballos de la feria
y la novia que bordaba.
¡Todo ha quedado en la aldea
bajo la iglesia dorada!
-¿Por qué te vas a la guerra?
-¡Madre, la Patria me llama!

Ávila yace en silencio
en su muralla apretada.
Segovia en recogimiento
dormida bajo su Alcázar.
En Toledo se apagaron
los idilios de la Cava.
Burgos y Valladolid
marcharon a la cruzada.

Y quedó muda de amores
la Plaza de Salamanca.
Todos los hombres se fueron
al comenzar la batalla.

El Cid -lucero de hierro-
por el cielo cabalgaba,
con una espada de fuego
en fraguas del sol forjada.

El agua se volvió sangre
en el margen del Jarama.
Y cerca de San Servando
el Tajo, que antes bañaba
milagros de verde fruta
por la vega toledana,
mirando al Alcázar roto
por las noches suspiraba.
Cantos de trinchera bordan
los picos del Guadarrama,
y ya el alto del León
de los leones se llama.
En el Cerro de los Ángeles
que los ángeles guardaban,
¡han fusilado a Jesús!
¡Y las piedras se desangran!
¡Pero no te asustes, Madre!
¡Toda Castilla está en armas!
Madrid se ve ya muy cerca.
¿No oyes los gritos de Arriba España?
La hidra roja se muere
de bayonetas cercada.
Tiene las carnes abiertas
y las fauces desgarradas.

Y el Cid -lucero de hierro-
por el cielo azul cabalga...

Allá lejos, en el pueblo,
bajo la iglesia dorada,
junto al fuego campesino
miles de madres rezaban
por los hijos que se fueron
vestida de azul el alma.

¡No llores, madre, no llores,
que la guerra está ganada!
Y antes que crezcan los trigos
volveré por la cañada,
y habrá fiestas en el pueblo
y voltearán las campanas
y habrá alegría en las mozas,
y alegría en las guitarras
y desfiles por las calles
y tambores y dulzainas
y banderas de Falange
sobre la iglesia dorada.

¡Madrid se ve ya muy cerca!
La Falange se alzó en armas.
-Laurel en el rojo y negro
de sus banderas bordadas.

...Por la parda geografía
de la tierra castellana
clavadas en los fusiles,
las bayonetas brillaban.

El Cid, con camisa azul,
por el cielo cabalgaba...

Federico de Urrutia.


boomp3.com

sábado, 1 de diciembre de 2007

Humor. Remedio contra el sida, por Jota Efe

Firma invitada: "El Cid, del hombre a la leyenda", de Ignacio Beletegui

Hubo un día en que una de las mejores plumas (estilográficas, que hoy todo hay que decirlo) para describir realidades culturales españolas, decidió guardar silencio.

Los que le leíamos sufrimos esa ausencia, pero nada podíamos hacer para remediarla.

Ha querido el azar que en nuestro camino vuelva a aparecer Ignacio Beletegui, a quien de inmediato propusimos colaborar con este humilde Palabra y Obra. E Ignacio, grande de espíritu como solo los grandes íntegros pueden serlo, ha aceptado.

Esta es la primera de sus colaboraciones, que esperamos no sea la última.

Disfrútenla.

EL CID, DEL HOMBRE A LA LEYENDA

Burgos honra a su héroe.

Instalada hasta el 9 de diciembre en el recinto de la Catedral, la exposición “El Cid, del hombre a la leyenda” se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales del año. Aún quedan unos días para disfrutar de ella.
En esta sociedad conceptos como nobleza, fidelidad y honor han sido desterrados del vocabulario por la izquierda y la derecha nacionales. Por eso son más que loables los esfuerzos locales por reivindicar héroes y gestas.

La muestra burgalesa aborda el Cid histórico, situado en su contexto, y cómo éste se eleva a la categoría de mito a través de la literatura y del resto de manifestaciones artísticas. Lo primero que llama la atención del visitante es el origen múltiple de las piezas expuestas. Museos provinciales y nacionales, Cabildos y Monasterios, Bibliotecas y Ayuntamientos de las dos Castillas, País Vasco, Madrid, Valencia, Cataluña, Asturias… Todo el país está representado, muestra del esfuerzo organizativo de la Junta de Castilla y León y de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones.

La exposición, compuesta por casi 300 piezas, se abre con la figura de Rodrigo Díaz de Vivar y con la situación de la Península Ibérica en la época cidiana. Multitud de objetos datados entre los siglos XI y XIII nos transportan a la España Medieval, aclarando cómo eran la vida cotidiana y la muerte, las creencias y la guerra, la arquitectura, la economía y la legislación, tanto en los reinos cristianos como en las taifas musulmanas. Entre todo, cabe destacar la lápida de Sancho el Mayor, la espada Tizona o los documentos legales ligados al Campeador.

A través de un montaje audiovisual pasamos a conocer el caballero mítico. Pere Abat y su Mío Cid convierten al hombre en leyenda. Se exponen en esta sección los cantares de gesta que han llegado hasta nosotros y se demuestra cómo éstos influyeron en la literatura posterior, especialmente en los siglos XVI y XVII. La pintura y la escultura también tienen cabida. El Cid ha sido motivo constante de inspiración para los artistas españoles y dos pequeños grabados de Goya y Dalí así lo atestiguan. Sin embargo, lo que más llama la atención del público son los cuadros románticos e historicistas del siglo XIX que abordan los temas cidianos más literarios, como la afrenta a Doña Elvira y Doña Sol. Entre la obra pictórica, de calidad muy desigual, destaca por su fuerza la Jura de Santa Gadea del burgalés Vela Zanetti.

Son pocas las ocasiones en las que los españoles podemos aprender y enorgullecernos de nuestra historia medieval más allá de los manidos clichés de la convivencia de las tres culturas. Ésta es una de ellas.

Por Ignacio Beletegui

Hemos leido. "La última batalla. La caída de Berlín y la derrota del nazismo", de Cornelius Ryan

Sobre la II Guerra Mundial hay mucha literatura. Pero hay unos cuantos temas sobre los que la información llegó tardíamente, como por ejemplo la caída de Berlín.

Este libro, editado en la década de los 60 por primera vez y que Salvat rescata de su fondo cíclicamente, nos relata muchas historias. Algunas pequeñas, domésticas, como la de los trabajadores prisioneros, la de los refugiados en sótanos por la persecución racial, la de los espías, la de los miembros de base del partido... la de las amas de casa... y otras pertenecientes a la gran historia, a la historia con mayúsculas: el pacto anglorusoamericano, el desespero de los generales alemanes ante una situación que se desmoronaba hora tras hora, el saqueo ruso de Berlín, la pugna entre el generalato ruso, las decisiones cambiantes del ejercito de EE.UU....

Producto de muchas horas de charlas con los protagonistas y de investigación de ficheros por parte de Cornelius Ryan, resulta estremecedor página a página. De La última batalla. La caída de Berlín y la derrota del nazismo podrían sacarse muchas lecturas y lecciones, pero queremos destacar una, no por muchas veces repetida después, menos impactante: el descubrimiento del horror genocida por parte de los ejercitos aliados cuando avanzan. Así lo cuenta el autor en las páginas 285 y 286 de la presente obra.

Desde hacía unos días empezaba a salir a la luz algo que se revelaría como uno de los más horribles secretos del Tercer Reich. A lo largo de todo el frente, durante esta extraordinaria ofensiva, los hombres quedaron trastornados y descompuestos por los campos de concentración de Hitler, sus centenares de miles de internados y sus millones de muertos.
Los soldados más duros apenas se lo podían creer a medida que campos y prisiones caían en sus manos. 20 años más tarde, estos hombres aún recordarían esas escenas con una tremenda ira: los esqueletos que se dirigían tropezando hacia ellos, con una voluntad de vivir que era lo único que habían salvado de manos de los nazis; las fosas, los pozos y las trincheras llenas de cadáveres; los hornos crematorios que se alineaban aún llenos de huesos calcinados, testigos mudos y horribles del exterminio sistemático de «prisioneros políticos», ejecutados, como explicó un guardia de Buchenwaid, porque «no eran más que judíos». Los soldados descubrieron las cámaras de gas instaladas como si se tratase de duchas; sólo que, en lugar de agua, era gas de cianuro lo que salía de las alcachofas. En la casa del comandante del campo de Buchenwaid se encontraron pantallas de lámparas y guantes hechos de piel humana. La mujer del comandante. Use Koch, poseía libros encuadernados en piel humana y, en pequeños estantes, tenía un par de cabezas humanas, reducidas y disecadas. También se encontraron almacenes repletos de zapatos, ropas, piernas ortopédicas, dentaduras y ojos de vidrio, todo seleccionado y numerado con una eficacia fría y sistemática. El oro arrancado de las dentaduras
había sido enviado al Ministerio de Finanzas del Reich.
¿Cuántas personas habían sido exterminadas de esta manera? Al principio, bajo el primer golpe emocional, era difícil hacerse una idea. Pero según los informes que llegaban del frente, podía alcanzar una cifra astronómica. En cuanto a la identidad de las víctimas, esto era más que evidente.
Según la definición que hacía el Tercer Reich, eran los «no arios, los subhombres que corrompían la cultura», gentes de una docena de países y de una docena de religiones pero, sobre todo, judíos. Entre ellos había polacos, franceses, checos, holandeses, noruegos, rusos y alemanes. Estas víctimas del más diabólico genocidio de la historia, fueron asesinadas con toda clase de procedimientos contra natura. Algunos fueron utilizados como cobayas para experimentos de laboratorio. Muchos fueron asesinados a tiros, colgados o gaseados. Otros, simplemente murieron de inanición.
En el campo de Ohrdruf, liberado por el 3er Ejército de los Estados Unidos el 12 de abril, el general Patton, uno de los oficiales americanos más duros, entró en uno de esos barracones de muerte y salió con los ojos llenos de lágrimas y sin poder contener el vómito. Al día siguiente, Patton ordenó a la población del vecino pueblo, que pretendía ignorar lo que pasaba en el campo, que fuesen a verlo por ellos mismos. Los que se resistieron a ir fueron conducidos bajo la amenaza de las armas. A la mañana siguiente descubrieron colgados al alcalde y a su mujer.

Rescatado del anaquel: "Retratos españoles (bastante parecidos) de Ernesto Giménez Caballero

En 1985 una sorpresa llegó a uno de los premios más destacados en el mundo editorial hispano, el Espejo de España, que concedía editorial Planeta.

La sorpresa fue un libro deslumbrante de un actor que, aunque no menos radiante, ya estaba en una edad en la que otros han abandonado la pluma.


Retratos españoles (bastante parecidos) es una colección, una galería de personajes que, articulados bajo una leve clasificación, nos iluminan con mil colores distintos: de San Isidro a Sanchez Dragó, de Loyola a Rafael García Serrano, de Lorca a Fraga, de José Antonio a Jovellanos, de Azaña a Franco...

Como el autor, Ernesto Giménez Caballero, GeCé, nos ha visitado alguna que otra vez, y siempre ha sabido a poco, en esta ocasión, y atendiendo a una petición, creemos que lo mejor es que hable por si solo. Y lo hace con el retrato dedicado a Ramiro Ledesma, otro nombre que nos ha visitado también en ocasiones.

«Ramiro, el Precursor»

Un día de 1927, apenas fundada La Gaceta Literaria, César Muñoz Arconada, crítico musical y colaborador, me demandó con su voz de adenoide:

-¿Puedo presentarte a un amigo y vecino mío de Cuatro Caminos, empleado de Correos? Tiene mucho interés en conocerte y hablarte.

-¿Cómo se llama?

-Ramiro Ledesma Ramos. Sabe mucho de filosofía y literatura y ha escrito algo.

Al día siguiente por la tarde se presentó con él en nuestra imprenta de Canarias, 41, fundada y dirigida por mi padre y donde yo con mi mono de paño azul y cremallera argéntea, componía y distribuía La Gaceta y recibía a los colaboradores sentado en resmas de papel y ofreciéndoles otras como acomodo. El paso de los obreros y el ruido de las máquinas hacÍa no fácil el entendimiento; pero creaba en cambio un ambiente «porverinista» como lo calificara el secretario, Guillermo de Torre, y entusiasmara a Marinetti cuando irrumpió allí cierta mañana, acompañado de Benedetta, declamando uno de sus, ya entonces, viejos poemas maquinísticos:

Piston chaudiére, piston chaudèere

pissssstton, píssstton, pisston

Ramiro Ledesma: media estatura, cuerpo enjuto, traje gris, pantalones rodilleados, flexible de alas bajas protegiendo un rostro celtíbero y enérgico y cubriendo un peinado de mechón caído. La voz, buena. Pronunciación defectuosa en la vibrante velar haciendo las rrr graseadas a la francesa.

-Me llamo Ramiro Ledesma Ramos y soy zamorano, sayagués.

-¿Sayagués?

Me atrajo el sayagués desde que leí El Sayagués de Puebla de Sanabria de Fritz Kriiger y su influjo dialectal en el teatro salmantino de Juan del Encina. Simpatizamos en el acto, y le invité a colaborar sin necesidad de una carta de Ortega en que me lo pedía y que me mostró después.

¿Cuándo comenzó a escribir en La Gaceta? Tanto yo como sus biógrafos Tomás Borrás y José María Sánchez Diana situábamos su primer trabajo el 15 de mayo de 1928: Un transeúnte eximio: el matemático Rey Pastor.

Pero mi asombro ha sido, al revisar la nueva edición de La Gaceta Literaria (Vaduz, Liechtenstein, Ed. Turner, 1980), encontrar en su índice de autores el nombre de Ramiro Ledesma Ramos en dos colaboraciones de 1927 que sólo tienen, en el original impreso, por firma una R. La primera: «Libros italianos: Benedetto Croce Filosofía práctica (1 de marzo de 1927). Y dos meses después (1 de mayo) otra aportación: Necrología de un suicida. También con la simple inicial R. Esa designación colaboradora debió ser hecha por Enrique Montero, representante español de la editorial Topos, cultísimo y redactor del Índice.

La reseña de R. es sucinta y como para satisfacer al presentador de la Filosofía práctica crociana en España, Edmundo González Blanco, que debió ser contertulio de Ramiro en el Ateneo. A don Benedetto le denomina: «genial profesor italiano». Y exalta su obra. Por lo que todavía en ese momento, no advierte Ramiro que estaba glorificando al máximo pensador antifascista de Italia. El lenguaje de tal nota es un tanto retórico y circunstancial. La otra reseña, Necrología de un suicida, lleva dentro un problema personal. Presenta a un amigo suyo, León Tejedor y Lomas, asistente a veces a nuestras tertulias (yo no lo recuerdo), que le entrega el articulo Toledo nuevamente y que le publicamos a continuación. Y el cual, según Ramiro «cohibido ante la vida» y «con una voz fuerte pero llena de gallos», cumplió con su «Necrología» y se suicidó de un tiro. Pero lo interesante del comentario de Ledesma: la preocupación por la madre de ese amigo. «Ante la madre de un suicida empieza nuestra sensibilidad a oscilar», «si se tiene vocación al suicidio hay que esperar que la madre muera», «sólo se deben suicidar los huérfanos de madre». ¿Es lo que le impidió a él suicidarse? Ya que tuvo tal vocación desde su primer cuento en La Esfera: “El Vacío”, escrito a los 17 años. Y en otros cuentos: “Suicidio” y “El sello de la muerte”», dedicado a Unamuno. Ésos fueron sus primeros escritos.

¿Era Ramiro religioso? Ninguno de sus biógrafos lo confirma. Fue monaguillo en Torrefrades. Pero sus lecturas precoces, sobre todo en filosofía germánica y especialmente de Nietzsche, debieron de llevarle al existencialismo de un Heidegger que conoció bien. Esa atracción y repulsa del suicidio fueron sin duda la raíz de su heroísmo. Y por eso murió atacando, queriendo matar antes a sus asesinos, al subir al camión que desde la cárcel madrileña de Ventas le llevaría con otro Ramiro (Maeztu) y otros mártires al paredón de Aravaca, en Madrid. Días antes, el 17 de julio, preguntaba por teléfono a la casa de mi madre (Plaza de las Cortes, 9, donde radicaba Acción Española y vivía don Juan March) si yo estaba bien. ¡Querido y admirado Ramiro! ¡Inolvidable Ramiro sobre el que voy a escribir sin rumbo fijo!

Me hubiera gustado conocer las relaciones con su madre. Era el cuarto hijo, delicado y distinto a los demás hermanos. Físicamente, de niño rubiáceo y con ojos claros, un celtíbero viriatesco (galaico-luso-zamorano). Romancesco: heroicidad y ensueño. Un rebelde fracasado como Viriato: pero un Viriato a su modo, un caudillo malogrado. Por eso le quise levantar un monumento en Zamora, y la Falange (sin las JONS) creo que lo prohibió. Yo viví esa tensión entre sus Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista y la Falange de José Antonio. Si hubiera vivido Ramiro habría dado su voto a la otra unificación con el Tradicionalismo, en ese Movimiento político tricefálico (él, José Antonio y Franco) y que fue clave de nuestro movimiento, efectivamente y no un fascismo, contentando así a Ramiro que lo rechazó (y a mí de La Conquista del Estado, ¡por fascista!, no obstante haberle yo aportado nada menos que el título de esa publicación y alguna doctrina). Pero comprendí que quien quería erigir una política «nacionalista» evitara cualquier otro nacionalismo, ya que el Fascismo era italiano con un denominador «socialista» común a toda nuestra época y proveniente de su triunfo en Rusia con Lenin. Por eso, también José Antonio esquivaría de modo elegante, noble e inteligente tal sambenito (no en vano se llamaba Benito, aunque sin santidad, su inventor). Y lo mismo ocurriría con Franco. Tan nacionalista era la médula del Fascismo que el propio Duce proclamó que «non era merce di sportazione». Y sin embargo: la palabra «fascista» se haría universal y antitética de «comunista». Y por eso ahora se la sigue huyendo ocultándola bajo el tapabocas de «ultraderecha» y el comunismo «ultra izquierda». Invenciones del centrismo y de la democracia cristiana que han querido quitar al fascismo su gran secreto.

La victoria, aparte de la genialidad militar de Franco, consistió en que España, por vez primera desde el XVIII, recobró sus aliados naturales: los «vecinos de nuestros vecinos»: Roma y Germania. La clave de oro de toda política internacional revelada desde la Ley de Manu: «Tu enemigo, tu vecino y tu amigo, el vecino de tu vecino». Viejo secreto que puse al día en mi Genio de España combatiendo la tesis orteguiana sobre la carencia de suficiente «fermento rubio» en el español. Y que por esto estábamos «invertebrados».

Yo había entregado a Ramiro otras inspiraciones. No sólo mi manifiesto inicial y fundador, de la «Carta a un compañero de la Joven España», el 15 de febrero de 1929, publicado en La Gaceta Literaria, donde no sólo se planteaba la doctrina nacional-sindicalista, sino hasta los emblemas como la bandera roja y negra con el haz y el yugo de los Reyes Católicos y el saludo de la mano abierta o sin armas. Otras inspiraciones: como las contenidas en mi libro Hércules jugando a los dados, en el que Ramiro ya vio lo que otros ni sospecharon en aquellas páginas deportivistas, heraclidas y vanguardistas: la idea cesárea.

En La Gaceta del 11 de agosto de 1929 escribía Ramiro: Giménez Caballero y su Hércules. «Es admirable en medio de estos temas. Yo insistiría mucho en que la gente advierta la presencia de este hombre: porque es providencial en esta hora de España. ¡Alerta, jóvenes! G.C. es flor rara en la cultura. Hombres así suelen tener asignados, en honra a su vigor, los puestos más difíciles. Recíprocamente: también les corresponden las mejores victorias».

Cuando yo le entregué a Ramiro estas sugestiones, tuve que decirle lo que Ortega a mí poco antes, cuando le solicité ¡luz!, ¡más luz!: «A usted, Giménez Caballero, hay que dejarle solo ya». Y eso es lo que, sin decírselo, realicé con Ramiro: dejarle ya solo, aunque siempre con mi mirada vigilante y mi corazón alerta. Y una amistad que duró hasta su muerte y que en mí sigue hecha devoción.

La obra de Ramiro anterior a sus colaboraciones en La Gaceta yo no la conozco sino por referencias de Juan Aparicio, Sánchez Diana y Tomás Borrás: El sello de la muerte, El Vacío, El Quijote y nuestro tiempo, El lago Castañeda y sus alrededores. E inéditos (1924-1925): El escepticismo y la vida, El joven suicida, La hoja romántica, Las hijas de Eva, El anticopernicano de Kant y sus colaboraciones en la Revista de Occidente fueron: Bertrand Russell. Análisis de la materia, Un libro francés sobre Hegel, El causalismo de Meyerson, Introducción a la Filosofía matemática de Walter Brand y Marie Deutchlein, De Ricker a la fenomenología, El mundo de las sensaciones táctiles, Keyserling y el sentido, Esquemas de Nicolai Hartmann. Y Sobre la filosofía del Renacimiento. Y en el diario El Sol, La filosofía, disciplina imperial. Notas para una fenomenología del conocimiento filosófico».

En cuanto a sus publicaciones periódicas: La Conquista del Estado, de la que fui titulador y fundador con él y con Juan Aparicio, apareció el 14 de marzo de 1931. Con otros ocho colaboradores. Y con vicisitudes, duró hasta el 26 de octubre. Pero dejando en marcha no sólo una fe, sino también una acción como indicara Ortega en su vaticinio de Leipzig por 1905. Y esa «acción» se denominó «Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista» que crearon una revista, JONS, flanqueada en Valladolid por Libertad de Onésimo Redondo. Por cierto que en 1984 Antonio Izquierdo, director de El Alcázar, intentó unas nuevas Juntas nacionales, pues la palabra Falange se ha ido desvirtuando en un tradicionalismo sin rigor revolucionario. Y un único número promovido por el director de La Nación, Manuel Delgado Barreto, de El Fascio (16-3-1933) donde junto a nosotros apareció sin firma José Antonio Primo de Rivera, quien iría a iniciar su propio movimiento con una publicación titulada FE (siglas de Falange Española). En 1934, se unen jonsistas y falangistas con un triunvirato y un famoso mitin en Valladolid (4-3-1934). Se fundan las CONS (Central Obrera Nacional Sindicalista). Pero entretanto, ya ha brotado la «Sangre» vertebrando otra vez a España, aunque esa sangre no fuera toda rubia. Pero sí española y de siglos. Hay un primer Consejo Nacional de FE de las JONS en el que intervengo bastante decisivamente mientras gano mi cátedra de Literatura votado por Unamuno, Presidente de la Liga antifascista. El 15 de enero, viene la ruptura de FE de las JONS separándose Ramiro y José Antonio, Ramiro publica otro periódico: La Patria Libre, y dos libros: Discurso a las Juventudes de España y ¿Fascismo en España?

El interrogante título de ¿Fascismo en España? anunciaría su negación por carecer de características universales, frente a libros como mi Nueva catolicidad que las reconoce y hasta reconoce que ese libro las había anticipado. Sin embargo, señala dos factores que influyeron en su universalización: «un Estado nuevo» y su «Victoria sobre el marxismo». Sin embargo, según Ramiro, no podía crearse una Internacional fascista por ser lo «nacional» su dimensión más profunda, el genio de cada pueblo. Y sin embargo, esa universalidad se la otorgó la oposición marxista.

Para Ramiro, las afirmaciones centrales y determinantes del fascismo serian éstas:

1. La Patria, como categoría histórica y social.

2. La negación del Estado liberal-parlamentario.

3. La oposición a la democracia burguesa y parlamentaria.

4. Sus grandes transformaciones revolucionarias.

5. Su nuevo sentido de la autoridad, la disciplina y la violencia.

En cuanto al problema del fascismo en España, que empezaba a trascender del suelo italiano, lo esencial es que no debía haber mimetismo. Puesto que su inmediata raíz estuvo en el fracaso de la II República. Y otra más honda, en el patriotismo de los españoles, que despertó en las juventudes nuevas un ansia de revolución nacional frente a las derechas y frente a las izquierdas que se reveló hasta en figuras como la del marxista Joaquín Maurin en su libro La Segunda República (Barcelona, 1935). Él mismo es, ante todo, un «nacionalsindicalista». Y para explicarlo recurre a recordar su propia trayectoria con La Conquista del Estado el 14 de marzo de 1931, sin más precedentes que la campaña «de Giménez Caballero en 1929 que postuló por primera vez en España una doctrina nacionalista moderna, social y vital desenmascarando con eficacia lo que en el liberalismo demo-burgués había de podrido, reaccionario y antisocial».

El año 1933 fue el de la expansión jonsista con publicaciones, mítines y acciones como el asalto a los Amigos de Rusia. Pero también el del penal de Ocaña para varios de los jonsistas y del que yo me libré por un aviso a tiempo del sereno de mi calle.

Sin embargo, habían ido apareciendo focos jonsistas peninsulares. Además de Madrid y Valladolid. En Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Galicia donde se sumó un gran talento que pasó del Comunismo al jonsismo: Santiago Montero Díaz, que escribió un magistral ensayo sobre Ramiro.

El 29 de octubre de 1933 hizo su aparición política José Antonio en el mitin de la Comedia fundando Falange Española. Ramiro, en su libro, examina los componentes de tal organización y sus directivas ideales, basadas en el antecedente inmediato e inexcusable del jonsismo. Cerca de Ramiro y de José Antonio, yo intervine para la unificación de ambos movimientos, lográndola. Como también lo haría luego en Salamanca con la Falange Española de las JONS y los Tradicionalistas. Esas unificaciones fueron el secreto del triunfo franquista y por no lograrlas el enemigo (fraccionado políticamente) perdió la guerra. La unión culminaría en el importante mitin de Valladolid, el 4 de marzo de 1934. Después, violencias y caídos. Los chibiris o rojos atacaron. Se nombra a José Antonio Jefe nacional. Y comienza la crisis y la secesión de Ramiro y La Patria Libre y su idea de marchar a Barcelona y la afirmación final de que le vendría mejor «la camisa roja de Garibaldi que la camisa negra de Mussolini». Eso fue en noviembre. Pero ya antes, en mayo, había redactado otra publicación: su fichteano Discurso a las Juventudes de España.

¿Qué figuras europeas pudieran emparejarse con aquella del español Ramiro Ledesma Ramos?

En Italia, no se dio el caso Ramiro. El precursor de Mussolini, Gabriele D’Annunzio, fue ante todo un poeta y después un combatiente, bien recompensada su vanidad por el Duce, haciéndole «Príncipe di Monte Nevoso». En Alemania hay figuras algo semejantes en fundadores que se unifican con el Führer, pero que su disidencia posterior les lleva a la muerte. Fue el caso de Gottfried Feder que tras su gran servicio de escritor anticapitalista y su influjo sobre Hitler murió arrinconado. Más trágico fue el destino de Ernst Röhm. Colaborador de primera hora, disidente y emigrado a Bolivia, figura con Hitler como Jefe del Estado Mayor en las SA. Ministro sin cartera y asesinado en 1934. Como Gregor Strasser, inicial colaborador del Führer y con buenos servicios al Partido.

Pero donde se dieron figuras más parecidas a la de Ramiro -intelectuales y revolucionarias-, fue en Francia. Roberto Brasillach, critico de L’Action Française, nacional socialista, colaboracionista en la guerra y fusilado en 1944. Marcel Bucard, fusilado también (1946) en Fort de Châtillon, creador del «Francismo» y de la Internacional fascista. Marcel Deat, socialista y antifascista, pero después director de L’Oeuvre, propugnó la colaboración con el Eje. Condenado a muerte en rebeldía. Jacques Doriot, comunista y antifascista rival de Thorez; pero después fundador de la «Legión de los voluntarios franceses», muriendo al lado de los alemanes. Drieu la Rochelle que vio en el fascismo el rejuvenecimiento del mundo y murió suicidado...

Habría que recordar al belga Léon Degrelle con su movimiento «Rex», refugiado luego en España. Dos ingleses: Arnold Spencer Leese y Sir Oswald Mosley. El primero veterinario y sobrino de un barón, fundó en 1929 la «Imperial Fascist League» y la revista The Fascist, siendo su símbolo un haz lictorio. Y en cuanto a Mosley, noble, combatiente, laborista, Canciller con Mac Donald y fundador en 1932 de la «British Union of Fascist». Encarcelado, tomó tras la guerra con sus ideas corporativistas. Joris van Severen, flamenco y caudillo del movimiento nacionalista de Flandes. Y asesinado. Hay que recordar a los rumanos: Codreanu, fundador de la Guardia de Hierro, asesinado con trece de sus seguidores; Horia Sima, que asumió el mando de la Guardia de Hierro tras la muerte de Codreanu, condenado a muerte en rebeldía; Ion Motza y su amigo Marin, muertos peleando en España contra el comunismo. De Hungría habría que recordar a Zoltan Bozormeny y a Mesko. Al suizo Rolf Henne, fundador de un Frente Nacional. A los eslovacos Taka y Alexander Mach. Al ruso Larki. Al holandés Anton Adriaan Mussart. Al croata Pavelich. Al eslovaco Tiso. Al yanqui Ezra Pound.

El final de Ramiro tuvo algo de poema que no puedo olvidar. Para terminar su ¿Fascismo en España? regresó a sus orígenes natales, a su sayaguesa Puebla de Sanabria, en cuyo lago, como un joven Nietzsche en la Engadina, hace las que serán sus últimas meditaciones sosegadas en libertad. Porque retorna a Madrid, donde tiene la familia de padres y hermanos, a su calle Santa Juliana en el atroz Cuatro Caminos. José Antonio, desde la cárcel de Alicante, dio la orden de cooperar con Ramiro a los camaradas que estuvieran aún en libertad. El 11 de julio, logró sacar el primer número de Nuestra Revolución, y quedó cesante como empleado de Correos. Era el 2 de agosto, mi cumpleaños. El día anterior había preguntado de nuevo telefónicamente por mí a casa de mi madre. Había cenado con su hermano en la glorieta de la Iglesia. No pudieron llegar a casa. Un coche les siguió, les detuvo y se los llevó a la Dirección General de Seguridad en la calle de Víctor Hugo. De allí pasaría a la prisión de Ventas, donde estaba el otro Ramiro, Maeztu. El mismo Ledesma se había identificado rechazando documentos que le pudieran salvar. Entre miserias y sufrimientos, pero con una serenidad de predestinado, Ramiro soportó su cautiverio. En la madrugada del 29 de octubre, por fin le sacaron al camión. Su muerte fue allí mismo; iba de la mano de Maeztu, de pronto, se soltó exclamando: «A mí me matáis donde yo quiera, no donde vosotros queráis». Y abalanzándose al fusil más cercano quiso arrebatarlo; pero un miliciano disparó el suyo sobre su cráneo que saltó en pedazos. Maeztu se tapó la cara exclamando: «¡Jesús!» El cadáver de Ramiro lo tiraron dentro del camión a los pies de los otros condenados. Marcharon al cementerio de Aravaca donde abrieron una fosa a la que fueron arrojando fusilado tras fusilado.

Para terminar esta evocación, me fui una tarde a Santa Juliana, 3, en Cuatro Caminos. La casa estaba repintada, una casa de modern style, a lo principios de siglo. Sin embargo, en su fachada baja había una pintada con una consigna ledesmiana «PATRIA, PAN Y JUSTICIA» y una cruz gamada. Allá, a la izquierda, el Cine Europa donde hablara José Antonio. En la calle una pajarería, un herbolario, una sastrería y dos bares. Creo que en su piso aún habitado por su familia todo sigue igual que él lo dejara, mesa, sillas funcionales.

De allí, aquella misma tarde marché a Aravaca con mi esposa que tanto le estimaba. Nos hubiera gustado llevamos a Juan Aparicio. Y aún recoger en su chalet de Fuente del Rey a José María de Areilza que le protegió. El camposanto estaba cerrado; pero entre las verjas vimos el altar y la cruz sobre la fosa común donde cayeron acribillados los demás. Era una tarde dulcísima, otoñal y, allí, descampada. Rastrojos. Soledad. En el suelo, ¡oh!, cartuchos (de escopeta). Y recordé que cuando a nuestro común maestro Ortega le comunicaron la muerte de Ramiro dijo: «No han matado a un hombre, han matado a un entendimiento». No sólo un entendimiento, querido Ortega, también a un corazón de héroe.



Poco nos resta añadir. Tan solo recomendar la lectura de un articulo que habla de la relación entre GeCé y uno de sus retratados, Dionisio Ridruejo, aparecido en la revista Letras Libres.
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