domingo, 28 de octubre de 2007

Hemos recibido: "Mundo Negro".

Subtitulada revista misional africana, es Mundo Negro una excelente forma de tomar el pulso no solo a los editores, los misioneros combonianos, no solo a la fe católica, no solo a la fe católica en África, no solo a África, sino a toda la cristiandad.

Para quienes la Iglesia es un enemigo a batir, estas páginas no le dirán nada. Pensarán que con pagar sus impuestos ya resuelven todos los problemas del mundo. Para quienes la Iglesia es tan solo un lugar donde acudir para alguna celebración puntual, quizá aporte un punto de color a la idealización que mantienen de la Iglesia como un mero protocolo social.

Pero para los cristianos, para los católicos, para los que sabemos que la interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es además, históricamente, la española, resulta un lujo saber, constatar como nuestra Fe goza de una defensa, de unos combatientes tan duros como los Combonianos, armados de forma invencible: con el Evangelio y con su fe, lo que los convierte en gigantes allá por donde se muevan.

Rescatado del anaquel: "El desafío de la libertad", de Javier M. de Bedoya

Javier M. de Bedoya, nombre que ha salido del anonimato siquiera sea brevemente estos últimos días, a raíz del fallecimiento de su viuda, que lo fue también de Onésimo Redondo, Mercedes Sanz Bachiller, fue un autor no excesivamente prolífico pero si agudo y, lamentablemente, hoy olvidado por propios y extraños.

Traemos al recuerdo este viejo ejemplar editado por Unión Editorial en 1974 bajo el sugerente título de El desafío de la libertad. Este volumen se centra en la batalla entonces y ahora activa entre la libertad y el colectivismo, apuntando ya en aquella época que el triunfo no podía caer del lado del colectivismo, apuntando experiencias que se confirmaron años después con la caída del muro de Berlín.

Javier M. de Bedoya recuerda que el hombre concreto, la persona, precisa de la libertad no solo como un valor en sí, sino también como el único medio para conseguir el bienestar y el progreso de la sociedad.

Resulta un texto estupendo para establecer muchas reflexiones. En particular, su cuarto capítulo, titulado La quinta columna. Leerlo hoy, tantos años después del momento en que fue escrito, da una idea exacta del genio anticipativo del autor, uno de aquellos escritores nacionalsindicalistas de primera hora.

lunes, 22 de octubre de 2007

Textos de ayer para hoy. "En este país", de Mariano José de Larra.


Hay veces en que no hay que escribir nada, que todo parece ya dormir en los libros y que tan solo hay que despertarlos.

Aquí va un artículo que podría relacionarse con esa costumbre tan arraigada desde la transición de evitar el nombre de España y hablar de "este país".

En este país. Mariano José de Larra

Aparecido en La Revista Española, 30 de abril de 1833.

Hay en el lenguaje vulgar frases afortunadas que nacen en buena hora y que se derraman por toda una nación, así como se propagan hasta los términos de un estanque las ondas producidas por la caída de una piedra en medio del agua. Muchas de este género pudiéramos citar, en el vocabulario político sobre todo; de esta clase son aquellas que, halagando las pasiones de los partidos, han resonado tan funestamente en nuestros oídos en los años que van pasados de este siglo, tan fecundo en mutaciones de escena y en cambio de decoraciones. Cae una palabra de los labios de un perorador en un pequeño círculo, y un gran pueblo, ansioso de palabras, la recoge, la pasa de boca en boca, y con la rapidez del golpe eléctrico un crecido número de máquinas vivientes la repite y la consagra, las más veces sin entenderla, y siempre sin calcular que una palabra sola es a veces palanca suficiente a levantar la muchedumbre, inflamar los ánimos y causar en las cosas una revolución.

Estas voces favoritas han solido siempre desaparecer con las circunstancias que las produjeran. Su destino es, efectivamente, como sonido vago que son, perderse en la lontananza, conforme se apartan de la causa que las hizo nacer. Una frase, empero, sobrevive siempre entre nosotros, cuya existencia es tanto más difícil de concebir, cuanto que no es de la naturaleza de esas de que acabamos de hablar; éstas sirven en las revoluciones a lisonjear a los partidos y a humillar a los caídos, objeto que se entiende perfectamente, una vez conocida la generosa condición del hombre; pero la frase que forma el objeto de este artículo se perpetúa entre nosotros, siendo sólo un funesto padrón de ignominia para los que la oyen y para los mismos que la dicen; así la repiten los vencidos como los vencedores, los que no pueden como los que no quieren extirparla; los propios, en fin, como los extraños.

En este país... Esta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido.

-¿Qué quiere usted? -decimos-, ¡en este país! Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: ¡Cosas de este país! que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos.

¿Nace esta frase de un atraso reconocido en toda la nación? No creo que pueda ser éste su origen, porque sólo puede conocer la carencia de una cosa el que la misma cosa conoce: de donde se infiere que si todos los individuos de un pueblo conociesen su atraso, no estarían realmente atrasados. ¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio, que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.

Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquiera otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido. Sucédele lo que a una joven bella que sale de la adolescencia; no conoce el amor todavía ni sus goces; su corazón, sin embargo, o la naturaleza, por mejor decir, le empieza a revelar una necesidad que pronto será urgente para ella, y cuyo germen y cuyos medios de satisfacción tiene en sí misma, si bien los desconoce todavía; la vaga inquietud de su alma, que busca y ansía, sin saber qué, la atormenta y la disgusta de su estado actual y del anterior en que vivía; y vésela despreciar y romper aquellos mismos sencillos juguetes que formaban poco antes el encanto de su ignorante existencia.

Este es acaso nuestro estado, y éste, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerle, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos para dar a entender a los que nos oyeron que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.

Este medio saber nos impide gozar de lo bueno que realmente tenemos, y aun nuestra ansia de obtenerlo todo de una vez nos ciega sobre los mismos progresos que vamos insensiblemente haciendo. Estamos en el caso del que, teniendo apetito, desprecia un sabroso almuerzo con la esperanza de un suntuoso convite incierto, que se verificará, o no se verificará, más tarde. Sustituyamos sabiamente a la esperanza de mañana el recuerdo de ayer, y veamos si tenemos razón en decir a propósito de todo: ¡Cosas de este País!

Sólo con el auxilio de las anteriores reflexiones pude comprender el carácter de don Periquito, ese petulante joven, cuya instrucción está reducida al poco latín que le quisieron enseñar y que él no quiso aprender; cuyos viajes no han pasado de Carabanchel; que no lee sino en los ojos de sus queridas, los cuales no son ciertamente los libros más filosóficos; que no conoce, en fin, más ilustración que la suya, más hombres que sus amigos, cortados por la misma tijera que él, ni más mundo que el salón del Prado, ni más país que el suyo. Este fiel representante de gran parte de nuestra juventud desdeñosa de su país, fue no ha mucho tiempo objeto de una de mis visitas.

Encontréle en una habitación mal amueblada y peor dispuesta, como de hombre solo; reinaba en sus muebles y sus ropas, tiradas aquí y allí, un espantoso desorden de que hubo de avergonzarse al verme entrar.

-Este cuarto está hecho una leonera -me dijo-. ¿Qué quiere usted?, en este país... -y quedó muy satisfecho de la excusa que a su natural descuido había encontrado.

Empeñóse en que había de almorzar con él, y no pude resistir a sus instancias: un mal almuerzo mal servido reclamaba indispensablemente algún nuevo achaque, y no tardó mucho en decirme:

-Amigo, en este país no se puede dar un almuerzo a nadie; hay que recurrir a los platos comunes y al chocolate.

-Vive Dios-dije yo para mí-, que cuando en este país se tiene un buen cocinero y un exquisito servicio y los criados necesarios, se puede almorzar un excelente beefsteak con todos los adherentes de un almuerzo à la fourchette; y que en París los que pagan ocho o diez reales por un appartement garni, o una mezquina habitación en una casa de huéspedes, como mi amigo don Periquito, no se desayunan con pavos trufados ni con champagne.

Mi amigo Periquito es hombre pesado como los hay en todos los países, y me instó a que pasase el día con él; y yo, que había empezado ya a estudiar sobre aquella máquina como un anatómico sobre un cadáver, acepté inmediatamente.

Don Periquito es pretendiente, a pesar de su notoria inutilidad. Llevóme, pues, de ministerio en ministerio: de dos empleos con los cuales contaba, habíase llevado el uno otro candidato que había tenido más empeños que él.

-¡Cosas de España! -me salió diciendo, al referirme su desgracia.

-Ciertamente - le respondí, sonriéndome de su injusticia-, porque en Francia y en Inglaterra no hay intrigas; puede usted estar seguro de que allá todos son unos santos varones, y los hombres no son hombres.

El segundo empleo que pretendía había sido dado a un hombre de más luces que él.

-¡Cosas de España! - me repitió.

-Sí, porque en otras partes colocan a los necios- dije yo para mí.

Llevóme en seguida a una librería, después de haberme confesado que había publicado un folleto, llevado del mal ejemplo. Preguntó cuántos ejemplares se habían vendido de su peregrino folleto, y el librero respondió:

-Ni uno.

-¿Lo ve usted, Fígaro? - me dijo-: ¿Lo ve usted? En este país no se puede escribir. En España nada se vende; vegetamos en la ignorancia. En París hubiera vendido diez ediciones.

-Ciertamente -le contesté yo-, porque los hombres como usted venden en París sus ediciones.

En París no habrá libros malos que no se lean, ni autores necios que se mueran de hambre.

-Desengáñese usted: en este país no se lee -prosiguió diciendo.

-Y usted que de eso se queja, señor don Periquito, usted, ¿qué lee? -le hubiera podido preguntar-. Todos nos quejamos de que no se lee, y ninguno leemos.

-¿Lee usted los periódicos? -le pregunté, sin embargo.

-No, señor; en este país no se sabe escribir periódicos. ¡Lea usted ese Diario de los Debates, ese Times!

Es de advertir que don Periquito no sabe francés ni inglés, y que en cuanto a periódicos, buenos o malos, en fin, los hay, y muchos años no los ha habido.

Pasábamos al lado de una obra de esas que hermosean continuamente este país, y clamaba:

-¡Qué basura! En este país no hay policía.

En París las casas que se destruyen y reedifican no producen polvo.

Metió el pie torpemente en un charco.

-¡No hay limpieza en España! -exclamaba.

En el extranjero no hay lodo.

Se hablaba de un robo:

-¡Ah! ¡País de ladrones! -vociferaba indignado. Porque en Londres no se roba; en Londres, donde en la calle acometen los malhechores a la mitad de un día de niebla a los transeúntes.

Nos pedía limosna un pobre:

-¡En este país no hay más que miseria! -exclamaba horripilado. Porque en el extranjero no hay infeliz que no arrastre coche.

Íbamos al teatro, y:

-¡Oh qué horror!- decía mi don Periquito con compasión, sin haberlos visto mejores en su vida- ¡Aquí no hay teatros!

Pasábamos por un café.

-No entremos. ¡Qué cafés los de este país!- gritaba.

Se hablaba de viajes:

-¡Oh! Dios me libre; ¡en España no se puede viajar! ¡Qué posadas! ¡Qué caminos!

¡Oh infernal comezón de vilipendiar este país que adelanta y progresa de algunos años a esta parte más rápidamente que adelantaron esos países modelos, para llegar al punto de ventaja en que se han puesto!

¿Por qué los don Periquitos que todo lo desprecian en el año 33, no vuelven los ojos a mirar atrás, o no preguntan a sus papás acerca del tiempo, que no está tan distante de nosotros, en que no se conocía en la Corte más botillería que la de Canosa, ni más bebida que la leche helada; en que no había más caminos en España que el del cielo; en que no existían más posadas que las descritas por Moratín en El sí de las niñas, con las sillas desvencijadas y las estampas del Hijo Pródigo, o las malhadadas ventas para caminantes asendereados; en que no corrían más carruajes que las galeras y carromatos catalanes; en que los chorizos y polacos repartían a naranjazos los premios al talento dramático, y llevaba el público al teatro la bota y la merienda para pasar a tragos la representación de las comedias de figurón y dramas de Comella; en que no se conocía más ópera que el Marlborough (o Mambruc, como dice el vulgo) cantado a la guitarra; en que no se leía más periódico que el Diario de Avisos, y en fin... en que...

Pero acabemos este artículo, demasiado largo para nuestro propósito: no vuelvan a mirar atrás porque habrían de poner un término a su maledicencia y llamar prodigiosa la casi repentina mudanza que en este país se ha verificado en tan breve espacio.

Concluyamos, sin embargo, de explicar nuestra idea claramente, mas que a los don Periquitos que nos rodean pese y avergüence.

Cuando oímos a un extranjero que tiene la fortuna de pertenecer a un país donde las ventajas de la ilustración se han hecho conocer con mucha anterioridad que en el nuestro, por causas que no es de nuestra inspección examinar, nada extrañamos en su boca, si no es la falta de consideración y aun de gratitud que reclama la hospitalidad de todo hombre honrado que la recibe; pero cuando oímos la expresión despreciativa que hoy merece nuestra sátira en bocas de españoles, y de españoles, sobre todo, que no conocen más país que este mismo suyo, que tan injustamente dilaceran, apenas reconoce nuestra indignación límites en que contenerse.

[En el día es menos que nunca acreedor este país a nuestro desprecio. Hace años que el Gobierno, granjeándose la gratitud de sus súbditos, comunica a muchos ramos de prosperidad cierto impulso benéfico, que ha de completar por fin algún día la grande obra de nuestra regeneración.]

Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle; volvamos los ojos atrás, comparemos y nos creeremos felices. Si alguna vez miramos adelante y nos comparamos con el extranjero, sea para prepararnos un porvenir mejor que el presente, y para rivalizar en nuestros adelantos con los de nuestros vecinos: sólo en este sentido opondremos nosotros en algunos de nuestros artículos el bien de fuera al mal de dentro.

Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: ¡Cosas de España! contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo.

domingo, 21 de octubre de 2007

Hemos leido. "Memorias de un niño de la calle", de José María Sánchez-Silva


Hay muchos libros memorables de Sanchez Siilva. Alguno, ya ha pasado por aquí y otros están en mente de todos. Este, libro menor, pequeño y poco conocido es, según mi humilde criterio, probablemente su libro más sentido.

Y es que este libro, que nos cuenta en forma novelada las aventuras y desventuras de un niño huérfano, que va de asilo de beneficencia en asilo de beneficencia, falto de cariño y que se agarra al recuerdo de la muerte de su madre es en realidad su propia historia, la de un niño que visitó tres centros de beneficencia y que para salvarse de un mundo que se derrumbaba a su alrededor se sumergía en la lectura.

Verdaderamente José María Sánchez Silva se hizo grande escribiendo de y para niños. Algunos de los más bellos cuentos en lengua castellana llevan su firma, y esta novela, pequeña pero grande para ser un cuento, viste las mismas ropas. Pero con una singularidad que la hace aun más valiosa, aun más hermosa. Y es que Memorias de un niño de la calle es casi una biografía de sus años más dolorosos, de sus momentos más sentidos.

Ahora, cuando ya no está el autor entre nosotros, se hace más preciso el leerla.

Rescatado del anaquel: "Comunista en España y Antistalinista en la U.R.S.S.", de "El Campesino"

Estamos ante un libro incomodo. Incómodo para la giliprogresía que lo ve todo de color de rosa cuando se trata de interpretar la historia del comunismo, en un mundo donde no hubo más tiranos que Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet y, si me apuran, Reagan.

Y es que quien ese libro escribió, Valentín Gonzalez, "El Campesino", fue un "héroe de la libertad", anarquista a los quince años para después convertirse en comunista fanático que combatió en todos los frentes de la guerra civil española, destacando de sus hechos la conquista de Teruel, sufre un desengaño al llegar a su admirada Rusia.

Allí descubre que ese "jefe genial" y "padre de todos los pueblos" que era Stalin, no era precisamente una hermanita de la caridad. Al refugiarse en la U.R.S.S. al fin de la guerra civil, comprende que había combatido y cometido excesos en nombre de una gigantesca estafa, de n falso ideal, comandado por un tirano.

Hubiera podido, como tantos otros, callarse y vivir bien a costa del partido. Pero su espíritu libertario que no había abandonado a pesar de su filiación comunista, su carácter de verdadero español, le hicieron protestar, alzar la voz, lo que le costó la encarcelación por la NKVD, la tortura y la prisión en el gulag, de donde escapó desafiando a la muerte.

Una amnistía lo trajo de nuevo a Madrid, donde con la libertad que en la España de Franco encontró y que era desconocida en la U.R.S.S. de Stalin, dijo "Yo he desafiado siempre a la muerte, tanto en España como en la Unión Soviética. Pero el milagro mayor fue sin duda mi huida del infierno soviético staliniano".

Un libro, Comunista en España y Antistalinista en la U.R.S.S. que debería ser texto recomendado en la asignatura Educación para la ciudadanía.

Hemos leido. "El silencio de los Rosales", de Gerardo Rosales


Un libro más sobre Lorca. ¿Uno más?... bueno, si, pero con matices.

Gerardo Rosales, hijo de aquel otro Gerardo Rosales, hermano de Antonio, Pepe -Pepiniqui-, Antonio, Miguel y el poeta Luis, y curiosamente Gerardo el único hermano no afiliado a Falange Española, escribe en El silencio de los Rosales una suerte de exculpación familiar, más parecido a un descargo de conciencia que a un ajuste de cuentas.

Desde un punto de vista muy peculiar, de joven que se rebeló en el 68 y que no parece muy arrepentido de aquello, como tantos otros, pero sin demonizar en exceso a la Falange y lo que ello significaba en aqueños duros años, ni por supuesto a sus tíos Pepinique ni Luis, los artífices de que Lorca se escondiera en su casa, el autor desvela algunos secretos familiares de aquellos días con forma de novela. Novela, pero tan ajustada a la realidad, que cuando algún pasaje es inventado, tiene la honradez de advertirlo.

Una obra extraña para un pintor (Gerardo Rosales, junto con Luis Torroba, forma el equipo RO-TO), pero sumamente interesante.

Deja clara una vez más la autoría del asesinato en la persona de Ruiz Alonso, exdiputado de la CEDA que trató de afiliarse a Falange y que esta le pagara ¡un sueldo de mil pesetas!, por el despecho hacia los Rosales, sobre todo por Pepiniqui que fue quien se negó a su afiliación y quien consultó sobre la misma al propio José Antonio, quien le dijo "dile que no al obrero amaestrado", nombre que puso a Ruiz Alonso.

sábado, 20 de octubre de 2007

Al rescate de RLR: Nueva República Y SOS Libros.


La larga siesta que se está dando la sociedad española hace que ésta se fije más en el idiota insustancial que sale en el "Gran Hermano" televisivo que en el hombre consagrado a la tarea intelectual. Nuestro interesante enlace, la editorial "Nueva República" lleva desde hace tres años en el empeño de llevar luz a la vida y obra de un intelectual y hombre de acción poco o mal conocido: Ramiro Ledesma Ramos.
Un hombre para quien la impronta de Heidegger, Keysserling, Spengler y Nietzsche marcaron un devenir personal que partió de la angustia existencial a la acción trepidante.
"Nueva República" ha lanzado las Obras Completas de Ramiro Ledesma incorporando textos que habían sido silenciados o que, simplemente se habían perdido. Se han venido repescando merced al interés de Juan Antonio Llopart y a la labor compiladora y paciente de José Manuel Jiménez Galocha. Pero sin la ayuda de la familia Ledesma (Cristina Keller Ledesma-Ramos) hubiera sido muy difícil el empeño.

A las Obras Completas de 2004, se unen más esfuerzos realizados por "Nueva República": los "Escritos sobre Ramiro Ledesma Ramos", VVAA (Juan Aparicio, Gustavo Morales, Gabriel Server, el propio editor Juan Antonio Llopart... de 2005), así como "Ramiro Ledesma Ramos, un romanticismo de acero"(2006), del trágicamente desaparecido José Cuadrado Costa, también coautor con Michel Schneider de "Ramiro Ledesma Ramos, Pierre Drieu La Rochelle y Robert Brasillach por la Revolución Nacional (2002). Como addenda, me hace llegar J.M. Jiménez Galocha la referencia de «'Nuestra Revolución'. La última iniciativa editorial de Ramiro Ledesma Ramos» también compilado por aquel.
Buceando en el catálogo de SOS Libros, encontramos el opúsculo del historiador Carlos Caballero Jurado titulado, "Ramiro Ledesma: su interpretación del Fascismo", "Ramiro Ledesma, fundador de las JONS" (Ultimo Reducto 1999), cómo no el clásico de Tomás Borrás, "Ramiro Ledesma Ramos (Ed Nacional 1971), el trabajo del filósofo asturiano Francisco Diaz de Otazu "Apuntes a la Filosofía de Ramiro Ledesma" (SOS Libros 2000) o el de Miguel Moreno Hernández, "El nacionalsindicalismo de Ramiro Ledesma Ramos", 2003.

Que los disfruten.

jueves, 18 de octubre de 2007

Ahorre tiempo, no lea "Una arrolladora simpatía", de Juan Antonio Rios


Si a usted le gusta la obra de Edgar Neville, si tiene respeto por su figura histórica, si piensa que no existen los buenos y malos en un sentido puramente maniqueista, si no cree que la historia es un chicle que se puede estirar a gusto o, si simplemente es un amante de la literatura, le ahorraremos mucho tiempo: no lea este pestiño.

Sumergirse en el es visitar la Damnatio memoriae de los romanos: lo que no gusta o se elimina o se cambia.

Podríamos hablar largo y tendido de este libro, pero los amigos de BitácoraPi nos han ahorrado el trabajo. Con cariño, recomendamos la lectura de su crítica a este libro.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Presentación del libro "Técnicas de hacker para padres"


Si usted está por Valencia el viernes 9 de noviembre, una alternativa de ocio plausible sería asistir a la presentación de este libro: Cómo Controlar lo que hacen tus hijos con el ordenador. Técnicas de hacker para padres, de Mar Monsoriu Flor.

Muchos padres están preocupados porque desconocen el uso que hacen sus hijos del ordenador y del teléfono móvil. Cuando se aborda en el hogar esta temática, los niños y adolescentes suelen cerrarse en banda ante lo que consideran una parcela de "su mundo". De poco sirve, en la mayoría de los casos, intentar sonsacarles con ardides paternales. De ahí que, cuando la comunicación falla, la alternativa que les queda a
los padres es convertirse en un verdadero espía informático. Al igual que los hackers buenos, el objetivo de los padres tiene que ser detectar las vulnerabilidades de sus hijos y protegerlos mientras les ayudan y enseñan a hacer un buen uso de Internet y las nuevas tecnologías.

Lugar: FNAC (Plaza de San Agustín, Valencia)
Fecha: Viernes 9 de noviembre, a las 19:30 horas. Entrada libre.

Intervienen:

María Teresa Gómez-Mascaraque Pérez propietaría de Creaciones Copyright de Madrid
Juan Vicente Oltra profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y autor del prólogo
Mar Monsoriu Flor autora del libro

Tras el acto de presentación se llevará a cabo una firma de ejemplares por parte de la autora.


Cómo Controlar lo que hacen tus hijos con el ordenador. Técnicas de hacker para padres
Mar Monsoriu Flor
Creaciones Copyright (Madrid, 2007)
ISBN 978-84-96300-45-3

miércoles, 10 de octubre de 2007


Un nuevo catálogo de S.O.S. Libros.
Destacamos dos novedades formidables:

Las Obras Completas de Onésimo Redondo, reedicion de la de 1954, 1.088 paginas en dos tomos para la historia por 39 euros

y Voluntad de Imperio, de José Luís Jeréz Riesco, obra de la que copiamos la reseña que S.O.S. libros nos facilita:
Este libro es mucho más que la crónica de una Falange local: es, sustancialmente, la historia perdida de la gesta inaugural de la Resurrección del Imperio Hispánico. Tal es el valor imperecedero de la obra del entrañable José Luis, camarada en la Sangre y en la Fe. Su investigación rescató del incomprensible olvido hechos trascendentes para la Hispanidad, sobre todo para España y su hija Argentina, que expone, en trazos vívidos, con prosa castiza y falangista.
Reducirlos a mera expresión de confraternidad hispánica y doctrinal, especialmente la presencia de voluntarios argentinos en el frente de la España Nacional, es desfigurar su hondo sentido y agravia a los que lucharon y murieron. La filiación histórica de Argentina es hispánica y su destino —como el de Hispanoamérica— es inseparable de la España Madre. No hay salvación, pues, fuera del Imperio, esto es, de la Comunidad Hispánica destruida por nuestros adversarios ancestrales.

viernes, 5 de octubre de 2007

Hemos leido: "Serrano Suñer. Conciencia y poder". De Ignacio Merino


Es este libro una revisión de otro ya añejo, "Serrano Suñer. Historia de una conducta". Se modifica un párrafo aquí y allá, se añade algún anexo, y ya tenemos libro nuevo para el mercado.

Verdaderamente el cambio hace ganar a la obra y, aunque se hubiera leído ya la anterior, se hace recomendable la lectura de esta.

El autor, Ignacio Merino, sufre lo que en otros lares políticamente distantes llamarían un "síndrome de Estocolmo". Se aproxima al personaje con los resquemores y tópicos de costumbre y termina descubriendo una personalidad inmensa, inabarcable, no solo por su longevidad (llegó a más que centenario) sino por sus actividades que, de hecho, quedan bastante cojas en este libro (sobre su emisora, radio intercontinental, hay un gran silencio, sobre su relación con Dionisio Ridruejo se bosqueja algo pero poco se apunta...). Con todos los matices y un par de errores garrafales en las páginas 164 y 235, resulta Serrano Suñer. Conciencia y poder, un libro imprescindible para entender al personaje, para olvidar la extendida imagen de político por la vía familiar entregado al ideario totalitario y partidario de los nazis.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Hemos visto. "C.S.A."


Amantes de la historia todos: no os perdais CSA: The Confederate States of America. Con forma de falso documental se plantea que hubiera pasado si la confederación hubiera ganado la guerra civil americana.
Perfectamente documentada, plantea una historia alternativa impresionantemente plausible. Juegan con el gancho de partir de un punto histórico real, donde una batalla empezó a decidir el curso de la guerra y los apoyos exteriores. A partir de ahí, cambian de bando hechos para hacerlo más verosímil y emplean elementos reales de la sociedad estadounidense de hoy que concuerdan con las posibilidades planteadas. El que el Sur triunfó y la esclavitud es legal, lo que permite jugar con la idea de unos C.S.A. aliados de Hitler durante la segunda guerra mundial. En algún momento resulta escalofriantemente cercano a nuestra realidad. El documental, aparentemente producido por el ficticio British Broadcasting Service (BBS), interrumpido por falsos anuncios, cuenta la supuesta historia de la nación confederada a partir de la victoria en la batalla de Gettysburg. Décadas de triunfos y tragedias, escándalos políticos y luchas raciales nos llevan en una espiral apasionante a ser abducidos por la película. Altamente recomendada, ahora en DVD.

Hemos leido. "El Cid histórico", de Gonzalo Martínez Díez


Navegando entre toneladas de papeles, evadiendonos de un septiembre y un octubre repletos de trabajo, encontramos reposo en el estudio de la historia de España, maestra, amiga, madre.

El libro escogido para esta vuelta es El Cid histórico, un libro al margen de la leyenda, del mito, tocando la historia, bebiendo en los documentos, menos escasos de lo que cabría suponer, que rodean al héroe por excelencia, El Cid Campeador, Sidi Campidoctor.
Es un pequeño gran libro, muy barato (ediciones booket) que no debería dejarse de lado en orden a tener una visión completa del personaje. Resulta, si, quizá un poco áspero y para eruditos en más de un pasaje, pero si la pasión por el personaje va acompañada de amor por la verdad, todo pasa y el libro es digerido con sorprendente agilidad.

Y es que si tuviéramos que destacar a un hombre en la Edad Media, no solo en España, sino también en toda Europa (y eso, en la Edad Media era sinónimo de decir en todo el orbe universo), es Rodrigo Díaz de Vivar, el llamado Cid Campeador. El verdadero Cid creó un principado en Valencia más importante que alguno de los reinos cristianos coetáneos. Los claroscuros del siglo XI, a la luz del XXI gracias a Gonzalo Martínez Díez.

Viva las aventuras del este desterrado castellano. Quizá dentro de poco tengamos que acompañarle.

lunes, 1 de octubre de 2007

Prensa: "CUESTIÓN DE PALABRAS". Respuesta del P. Angel David Martin Rubio al periódico Extremadura



CUESTIÓN DE PALABRAS
Es muy fácil, como hace D.Manuel Pulido Mendoza en su carta al director publicada el pasado 27 de septiembre en el periódico “Extremadura”, acumular palabras grandilocuentes en relación con el campo de concentración que existió en Castuera. Aquello fue un lugar destinado a la “clasificación de la disidencia, la reeducación en los valores del nuevo régimen y la represión de los vencidos en un proceso sistemático de brutalidad física y psíquica”. Lástima que para justificar la falta de cualquier referencia concreta haya que recurrir al consabido expediente de que “faltan registros escritos de tales atrocidades y aún no se han realizado las excavaciones de diversas fosas comunes a lo largo de toda la comarca de la Serena”. En España llevamos más de 30 años de pretendida libertad. Ya está bien de mentiras. Han tenido tiempo de sobra para poner sobre la mesa los nombres de estas víctimas y si no lo han hecho (a pesar de que se ha repartido generosamente dinero público para conseguirlo) es porque resulta preferible seguir hablando de miles de personas para así alimentar el mito. Dice D. Manuel Pulido Mendoza que es “historiador, extremeño y familiar de represaliados por el franquismo”, el problema es que la historia no comienza en 1939 y que hay otros que también somos historiadores, extremeños y familiares de represaliados; en este caso represaliados por la República. Los familiares de D.Manuel Pulido podrán informarle de todo lo que ocurrió en Castuera y no solamente de una parte. Por ejemplo, y solo por citar un caso, en la mañana del 22 de agosto, veinticuatro detenidos fueron montados en el tren y, al llegar a las inmediaciones del apeadero de El Quintillo, les obligaron a bajar, les hicieron varios disparos en las piernas, al caer al suelo les echaron encima leña y los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. Entre ellos figuraban el Párroco, Andrés Helguera Muñoz, y el primer alcalde que tuvo la República en esta población: Camilo Salamanca Jiménez. En algo estoy de acuerdo con D.Manuel Pulido: hay que asumir nuestra historia. Pero la historia es conocimiento de los hechos ocurridos en el pasado, no distorsión o selección interesada efectuada desde los presupuestos ideológicos del presente.

Angel David Martín Rubio
Universidad San Pablo CEU (Madrid)

LA CARTA DEL DIA.
Extremeños en campos de concentración
27/09/2007

Muchos de los lectores de EL PERIODICO EXTREMADURA quizás no sepan que de los miles de ciudadanos españoles deportados a los campos de concentración nazis se conoce el nombre y la procedencia de al menos 330 extremeños. De éstos fueron asesinados por los nazis antes de 1945 las dos terceras partes. Está al alcance de cualquiera con una conexión a internet poder consultar estos datos en la web del Ministerio de Cultura donde se recoge una investigación histórica reciente de libre acceso. Pero no hace falta irse tan lejos para descubrir horrorizados que en el municipio de Castuera, en la provincia de Badajoz, tras la victoria franquista de 1939, y durante un año, se instaló un campo de similares características a los de Centroeuropa. En torno a 15.000 personas relacionadas con el bando derrotado pasaron por sus instalaciones, que llegaron a contar, en su momento de mayor hacinamiento, con unos 6.000 prisioneros. Estos estaban repartidos dentro de entre 60 y 92 barracones insalubres y rodeados de un foso y alambradas. Según datos documentados, las funciones del Campo de Castuera fueron las de clasificación de la disidencia, la reeducación en los valores del nuevo régimen y la represión de los vencidos en un proceso sistemático de brutalidad física y psíquica que conllevó la eliminación selectiva de los individuos más significados con el régimen republicano. Se desconoce el número exacto de muertos en este campo. Faltan registros escritos de tales atrocidades y aún no se han realizado las excavaciones de diversas fosas comunes a lo largo de toda la comarca de la Serena, entre las que se incluyen las tristemente famosas bocas de mina del propio Campo.
Hasta la universidad inglesa en la que trabajo en un proyecto de investigación sobre el exilio republicano me han llegado rumores acerca de la posible instalación de una planta fotovoltaica en los terrenos que albergaron el campo de Castuera. Como historiador, extremeño y familiar de represaliados por el franquismo quisiera expresar mi más rotundo rechazo a estos planes. El Campo de Castuera es un lugar de memoria democrática y anti-fascista que nos pertenece a toda la ciudadanía extremeña. Creo que las autoridades competentes de Castuera y Extremadura tienen el deber moral de aprovechar estos terrenos para erigir un memorial dedicado a las víctimas extremeñas de violaciones de derechos humanos, así como un centro museístico de interpretación y estudio de la represión genocida franquista en Extremadura. Sin duda, la hermosa comarca de la Serena cuenta con numerosos espacios mucho más apropiados para instalar una planta fotovoltaica.
Ya va siendo hora de que, como todos los países democráticos de nuestro entorno, asumamos con normalidad nuestra historia reciente y reparemos el olvido institucional en el que se encuentran todas las víctimas de violaciones de derechos humanos en Extremadura y en el resto de España.

Manuel Pulido Mendoza